martes, 17 de octubre de 2017

Capítulo 2 - Cosmogonía GRIEGA 1


Cosmogonía griega
En la mitología griega no hay una sola versión de los mitos, sino que hay varias versiones difundidas por la literatura, excepto con dos autores: Homero y Hesíodo. Por encima de las intenciones políticas, religiosas y por encima de todo, estos dos autores sirven de referencia para todo el mundo griego: Homero para el mundo de la guerra y los dioses en su aspecto más humanizado, y Hesíodo para los orígenes.
Hesíodo es un autor del siglo VII a. C. que escribe varias obras, de las cuales las que más nos interesan son “Teogonía” y “Trabajos y días”.
En la Teogonía cuenta el origen de los dioses, pero para que haya dioses tiene que haber un plano físico donde puedan estar, así que lo primero que nos vamos a encontrar es una cosmogonía. Uno de los problemas es que el origen divino y el del universo se empiezan a mezclar a partir de un punto. Hay que tener en cuenta que Hesíodo escribe la obra con la firme intención de proporcionar un modelo mítico-religioso universal para sus conciudadanos. Un detalle que lo confirma es la invocación a las Musas, esas cantoras del mundo divino que le van a dictar al poeta cómo sucedieron las cosas. Esta invocación lo convierte en profeta, ya que lo que le van a contar se encuentra bajo la protección divina y por tanto es la verdad. Es un canto inspirado que sólo cuenta verdades.
La primera característica del texto de Hesíodo es que el poeta está convencido, bajo la inspiración de las Musas, de que su obra es un complejo mítico-religioso de validez universal. La segunda es el concepto de evolución; Hesíodo piensa que desde el principio hasta el final del universo (incluidos los dioses que lo pueblan) existió un proceso evolutivo que va desde la mayor brutalidad hasta la menor, desde la total injusticia y violencia del origen con dioses como Urano o Cronos, hasta la total justicia que encarna Zeus. Por tanto, la evolución también se produce en el mundo divino. En el mundo de los hombres, el hombre evoluciona desde un estado de semejanza divina hasta la situación actual; los hombres hemos evolucionado desde que vivíamos en un paraíso como dioses y éramos similares a ellos hasta perder ese status de semejanza divina y vivir en un mundo que no está mal, pero que no es el paraíso.
Otro concepto fundamental es la divinización de todo cuanto fenómeno o elemento existe en la naturaleza. El cielo, la tierra, el mar, las montañas, los ríos, las fuentes, las estrellas, etc. son divinizados por Hesíodo, los dota de carácter divino con una única y exclusiva función: que sean entidades permanentes e inmutables. Tienen nombres propios y aparecen con mayúsculas para hacerlos eternos; no estuvieron ahí desde siempre, pero una vez que se cuenta su origen, lo estarán.
La última característica es el concepto de personificación, que viene a ser paralelo al de la divinización. Hesíodo individualiza todas las circunstancias de la vida humana para hacerlas perennes e inmutables. Aparecen personificadas circunstancias como el Amor, el Dolor, la Ira, la Venganza, la Alegría, etc. Empezaron a existir a la vez que el mundo, antes no, y una vez que están en él, existirán para siempre.

Cosmogonía
Los elementos primordiales a partir de los cuales se ha formado el mundo son, por orden, Caos, Gea y Eros. A partir de ellos se crean cosas, son productivos de por sí, o como en el caso de Eros, hace que otros produzcan cosas. Sin embargo, Tártaro es sólo un lugar subterráneo por debajo del todo de Gea, marca el límite de la tierra por debajo. Entre Gea y el Tártaro está el Hades, reino de los muertos. El Tártaro se utiliza para encerrar allí a los grandes condenados de la mitología griega o a los grandes dioses derrotados.


De Caos surgieron Érebo y la Noche, y de la Noche proceden Éter y Día. De esa ‘abertura’ que es el Caos salen las tinieblas totales excluyentes de cualquier rayo de luz (Érebo), y a la postre Éter, la luz total. A la vez, la Noche se opone al Día, pero no de forma excluyente, sino alternante para crear el cómputo del tiempo para siempre. Aquí desaparece Caos, ya no se vuelve a hablar de él en toda la cosmogonía y todo va a ser originado a partir de Gea, y luego del cielo y de la tierra. Eros es aquel principio que seduce a los dioses y a los hombres para siempre, el principio primordial que permite que de una entidad se generen otras sin ninguna unión sexual con otra entidad.
Éste es el Eros del comienzo del mundo, y gracias a él de Gea salen las Montañas, el Ponto (o el Mar) y Urano (la bóveda celeste), que ya van a existir para siempre. A partir de este momento, se va creando el mundo a través de un acoplamiento sexual con un elemento masculino, que es Urano.
De Gea y Urano nace Océano (el río circular que circunda el mundo por todos sus lados), el lugar que marca las fronteras del mundo real, de lo que conocemos. Ahora vamos a asistir a un “mito de soberanía”, un relato que cuenta las luchas por el poder que se van a producir en el mundo divino y que contempla tres generaciones de dioses: Urano será el primero, Cronos el segundo y Zeus será el definitivo. En esta cosmogonía, Hesíodo cuenta por un lado el origen de los dioses, y por otro cómo el último de ellos, Zeus, ha tenido que luchar muchísimo para organizar todo adecuadamente hasta imponer la justicia total.
Los primeros seres divinos nacidos de Urano y de Gea se pueden dividir en varios grupos y no se puede afirmar que todos ellos sean antropomórficos. Uno de esos grupos de hijos se divide en ‘chicos’ y ‘chicas’:
·       los Titanes, que son Ceo, Crío, Hiperión y Jápeto; y
·       las Titánides, que son Tea, Rea, Temis, Mnemósine, Febe y Tetis.

Después nació el más joven de todos ellos, Cronos. Todos son antropomórficos y por tanto considerados los primeros dioses. Después de ellos nacieron los Cíclopes, que se caracterizan por el vigor, la fuerza y los recursos, y además son los que le dieron a Zeus el trueno y le fabricaron el rayo. Son tres y se llaman Brontes, Estéropes y Arges.
Tras los Cíclopes llegaron los Hecatonquiros, que son Coto, Briareo y Giges, que representan la fuerza extraordinaria, semidivina y asociada a los dioses.
Urano va engendrando hijos en Gea, pero como siempre está encima de ella los hijos no pueden salir a la luz y Gea los contiene a todos. Ella, muy enfadada, prepara una emboscada contra Urano y sólo se atreve a ayudarla Cronos. Éste castra a su padre porque ése es el único sitio por donde Urano y Gea pueden ser separados. Este mito de la castración de Urano desbloquea la génesis del mundo, ya que si Urano y Gea están unidos, ninguno de sus hijos podría ver la luz y no podría haber una generación de seres.
A partir de ahora y en primer lugar, el mundo se va organizando por la unión y la oposición de elementos masculinos y femeninos; y en segundo lugar, gracias a la castración de Urano el mundo se puede ir poblando, porque hay sitio. El acto de violencia da lugar a la formación del mundo. No le derrotan, sino que lo castran a escondidas y en emboscada, por tanto, la Violencia y el Engaño aparecen en el mundo para siempre.
Cronos tira los genitales hacia atrás, provocando la superstición de que “si no lo veo, es como si no lo hubiera hecho”, pero da la casualidad de que caen en el mar, y justo antes unas gotas de sangre caen en la tierra.
A partir de este momento, el mundo se va organizando por la oposición de fuerzas contrarias y todo será ambiguo, llevará algo positivo y algo negativo.

De la sangre de Urano surgen tres tipos de seres:
·       las Erinias (las Furias romanas), que persiguen los delitos de sangre contra la familia. Son violentas y desagradables pero también son necesarias para vengar ese tipo de delitos.
·       los Gigantes y las Melias, que representan ambos la lucha y la violencia en el origen del mundo. Violentos pero necesarios para la guerra.

De Urano, por tanto, nacen estos dos tipos de fueras negativas con tres personificaciones diferentes.
De los genitales y la espuma del mar nace la diosa Afrodita, a la que van a acompañar para siempre dos principios fundamentales: Eros, como principio erótico entre lo masculino y lo femenino; e Hímero, el deseo de tipo sexual. La figura de Afrodita viene marcada por la asociación con la sexualidad, no vale para otro tipo de amores. Afrodita representa un aspecto benéfico, pero en lo que generalmente se denomina “amor” interviene la parte negativa: el Engaño, que está presente de principio a fin.

A continuación, Cronos se alza con el poder, y Hesíodo hace un paréntesis y sigue con los hijos de la Noche. Sus primeros hijos son Moros, Ker y Tánato, tres maneras diferentes de personificar la Muerte. Luego da a luz a Hipno, como el sueño, y a la tribu de los Sueños, refiriéndose a lo que soñamos.
La primera descripción de la muerte en todas las culturas antiguas es muy cercana al sueño, por eso nacen casi a la vez. Después vino Némesis, la Venganza, y las Moiras, divinidades que presiden los destinos de los hombres. 
Tras ellos, Eris, la Discordia, que es la responsable de toda cuanta guerra, masacre y odio se generen en el mundo. A ella se debe, míticamente, la guerra de Troya.
Los hijos de la Noche representan en el mundo el reverso del orden, son el contrapunto de la organización y están desde el origen y siempre van a existir. 
La cara amable de la Noche, son las Hespérides, las ninfas del atardecer. Viven en las orillas del océano (dónde exactamente no se sabe muy bien) y allí su función consiste en custodiar un jardín cuyos árboles dan frutos dorados; esto es, se trata de las manzanas de la eternidad, que si son alcanzadas por los hombres, superarían la muerte.
De Ponto nace Nereo, Taumante, Forcis y Ceto. Nereo es el viejo del mar que por su vejez sabe todas las cosas y representa el aspecto favorable de las aguas junto con sus hijas, las 50 Nereidas. Sus nombres hacen referencia casi siempre a las fuerzas de la naturaleza que los marineros se van a encontrar en su navegación. Del otro lado, vamos a tener el aspecto desfavorable del mar: las tres Grayas, las 3 Górgonas y las 3 Harpías. Son los monstruos de los orígenes y representan la llamada o toque de aviso de que a pesar de que el mundo se ha creado, aún hay cosas en ese mundo en desorden.
De todos estos monstruos del origen, algunos son eliminados y sirven para recordar que el desorden se puede introducir en cualquier momento y para demostrar la heroicidad de algunos personajes que hacen del mundo un lugar más habitable.
Tetis y Océano engendran los Ríos, pero también las Oceánides, es decir, las lagunas, que son tres mil. La más importante de ellas es la Laguna Estigia, la más pequeña de todas las Oceánides, que al principio es un símbolo de acatamiento para hombres y dioses; amos mundos tienen que respetarla y si se jura por ella hay que cumplir el juramento. Éste es uno de los símbolos comunes entre dioses y hombres aunque vivan en mundos separados.
De Tea e Hiperión salen para siempre los astros regulares del firmamento: Helios, Selene y Eos (la Aurora).

Se van a suceder tres generaciones: en primer lugar Urano y Gea, y mediante el mito de la castración de Urano les sucede Cronos, junto con Rea, la segunda generación. La Violencia y el Engaño entran en el mundo y se supone que Urano lanza una maldición que se convierte en oráculo. El mito de soberanía nos va a contar las relaciones entre el orden y el poder, que para poder gobernar en el mundo divino, deben ir juntos. 
La maldición de Urano era la siguiente: “no tengas hijos porque uno de ellos te destronará”. Cronos intenta engañar al oráculo, y cada vez que tenía un hijo con Rea lo devoraba y se lo tragaba. Esto es un acto violento y nos dice que se trata de un dios receloso. Rea sentía un gran dolor, y cuando estaba a punto de dar a luz a Zeus, pidió a sus padres Gea y Urano que urdieran un plan para engañar a Cronos. Éste cree que puede sortear el oráculo tragándose a sus hijos, pero Rea le entrega una piedra envuelta en pañales en lugar de Zeus para que se la tragara. Entre tanto, a Zeus se lo llevan a Creta y lo esconden.
Cronos estaba destinado a ser destronado por su hijo Zeus, al llegar éste a una edad adecuada. Zeus le da una pócima a Cronos para que vomite a sus hermanos, que son Hestia, Deméter, Hera, Hades y Posidón, y de esta manera comienza el reinado de Zeus y sus hermanos: los dioses olímpicos.
Hay que darse cuenta de que el Engaño y la Astucia vuelven a aparecer en este mito de soberanía. Los conceptos de habilidad y astucia (métis: inteligencia astuta, práctica, artera, incluso miente y hace trampas, que permite que una persona inferior venza a un ser superior en fuerza) están presentes en la llegada al poder de Zeus desde que Rea le da la piedra a Cronos.
De momento, aparecen dos cualidades, la fuerza y la métis, que Zeus posee, pero aún le falta otra. Lo primero que hace cuando destrona a Cronos es liberar a los Cíclopes de sus cadenas y en agradecimiento le regalan los recursos extraordinarios (el trueno, el rayo y el relámpago). Cronos también tenía encerrados a los Hecatonquiros en las profundidades de la tierra, y Zeus, de igual forma, los libera por consejo de Gea, ya que los necesita para ganar la batalla contra Cronos.
Estas dos medidas son muy inteligentes y se forma un bando en el que militan Zeus y sus hermanos (los olímpicos), los Cíclopes y los Hecatonquiros. Comienza la llamada Titanomaquia, la lucha de los Titanes y Cronos contra el bando de Zeus que dura 10 años. Son derrotados los Titanes y se describe con todo tipo de detalles. Después son encerrados en el Tártaro.
Habiendo vencido ya Zeus, aparece un nuevo peligro: Tifón, nacido de la monstruosa Gea. En él, todas las fuerzas de la naturaleza se desatan a la vez y por tanto puede hacer que el desorden inicial vuelva. Pero Zeus, gracias a la métis y a los recursos y fuerzas extraordinarios acaba con Tifón, le derrota, pero como es inmortal no puede matarlo, de forma que le corta las cabezas y le entierra, quedando siempre alguna cabeza al descubierto que provoca los tornados, ciclones, etc. Es una amenaza para el mundo porque el desorden inicial puede regresar.
Después de la Tifonomaquia, llega el sentido de la Justicia, que consiste en agradecer a los aliados la ayuda prestada por una parte, y distribuir entre los dioses sus distintas funciones y honores por otra. Pero Zeus sigue amenazado por la maldición de Urano, y por tanto, el mito de soberanía no tiene por qué acabar aquí.

Para no ser derrotado, Zeus debe ser “todo métis”, y por ello se une en matrimonio con Métis, la divinización del concepto, para que permanezca inmutable. Conciben un hijo y el oráculo le advierte, pero Zeus no hace caso y se traga a Métis embarazada para convertirse en “todo métis”, ya que si la contiene nadie podrá acabar con él. Atenea nace de la cabeza de Zeus, diosa de la inteligencia y sus manifestaciones. A partir de este momento, Zeus acaba con la maldición y el mito de soberanía.
Este relato representa las principales instituciones de la sociedad de la antigua Grecia, es especial el matrimonio, en el que no es tan importante el momento de la unión sino la entrega de la dote. Esta dote o transferencia se entiende con la ingestión de Métis, un simbolismo que refleja la transferencia de los bienes de la mujer a su marido. Así ocurre también en las demás uniones de Zeus.
La segunda esposa que toma es Temis, la Justicia religiosa y tradicional, la que no está escrita pero se aplica desde siempre. Al casarse con ella, Zeus se apodera de esa justicia, y de ella nacen las Horas (representando la regularidad), la Eunomía (el buen gobierno), Irene (la paz, que protege los trabajos de los hombres), y las Moiras, que conceden a los hombres la felicidad y la adversidad.
Eurínome, la tercera esposa, le dio las tres Gracias, que representan la belleza y la sensualidad. De Mnemósine nacieron las Musas, cantoras de a soberanía divina que están al lado de Zeus y por eso lo saben todo.

Asamblea de los 20 dioses griegos, en su mayoría los doce olímpicos, como Psique viene a visitarlos (Loggia di Psiche, 1518-1519, por Rafael y su escuela)



Panteón griego

ACIS
Era el dios del río de su mismo nombre en Sicilia. Ovidio cuenta que fue un pastor siciliano amado por Galatea. Polifemo, pretendiente de la nereida, lo sorprendió en brazos de la ninfa y lo aplastó con una roca. Entonces la ninfa o Poseidón, según versiones, hicieron que su sangre se transformara en río.
Con frecuencia se le consideraba hijo de Dioniso o, según otras fuentes, de Pan y de la náyade Simetis.



ACTE
Era una de las doce Horas que, como divinidades menores, controlaban el tiempo del día comprendido entre antes del amanecer hasta después del anochecer. Personificaba la comida y placer, la segunda de las horas de trabajo de la tarde.

ADONIS
Cuenta el más común de los mitos sobre el origen de Adonis que Afrodita inculcó en Mirra, hija del rey Tías de Esmirna, un irresistible amor incestuoso hacia su padre y que, ayudada por su niñera, pudo yacer con él en la oscuridad. Tías, colérico al descubrir el engaño, persiguió a su hija tratando de poner fin a su vida, pero Afrodita, compadecida, la transformó en el árbol de la mirra sobre el que Tías, aún furioso, disparó una flecha. Al impactar el proyectil contra el tronco, nació Adonis.
Afrodita, al contemplar la hermosura del recién nacido, quedó hechizada por su belleza y decidió salvarlo colocándolo en un capazo y entregándoselo a Perséfone para que lo cuidara hasta que volviera para recogerlo. Pero cuando la reina del Inframundo contempló al niño también quedó subyugada por su belleza y rehusó devolverlo. La disputa entre ambas diosas fue resuelta por Zeus decidiendo que Adonis pasara cuatro meses con Afrodita, cuatro con Perséfone y los cuatro restantes del año con quien él deseara. Adonis prefirió pasarlos con Afrodita.

El despertar de Adonis.


Artemisa, disgustada con Afrodita por su intervención en la muerte de Hipólito, envió un jabalí contra Adonis, quien murió destrozado por sus colmillos. Otra versión cuenta que Afrodita había advertido a su amor que si se encontraba con un jabalí excesivamente grande no lo atacara porque podría ser muy peligroso. 
No obstante, Adonis hizo caso omiso de la recomendación de la diosa y cuando apareció Ares convertido en un monstruoso animal, lo atacó muriendo despedazado por sus dentelladas. Afrodita, profundamente apenada, roció néctar sobre el cuerpo de su amado convirtiendo, de esta forma, cada gota de su sangre en una flor roja llamada anémona. La diosa, en su carrera para ayudarle, se hirió con unas zarzas y sus gotas de sangre se transformaron en unas flores semejantes a las rosas a la que llamó adonis.

AEAS
Era el dios del río del mismo nombre, en Tesalia Según Ovidio, se apiadó y dio consuelo a su hermano Peneo cuando la hija de éste, Dafne, fue transformada en laurel para huir del acoso de Apolo.

AEDEA
Era la tercera de las Musas originales que inspiraba la representación de la obra artística encargándose de leer, recitar, cantar y tocar instrumentos para representar lo que su hermana Mnemea había escrito previamente.
Se la representaba como una mujer joven cantando o recitando poemas mientras pulsaba las cuerdas de una lira. 

AFRODITA
Hesíodo, haciéndose eco de un remotísimo mito popular que relacionaba el nombre de la diosa con la espuma del mar, cuenta que Cronos cortó los genitales a su padre, Urano, y los arrojó al mar. El impacto con el agua en las proximidades de Chipre generó a su alrededor una espuma blanca en cuyo centro emergió una doncella adulta.


Otra versión sobre el origen de la diosa la proporciona Homero en la Ilíada haciéndola hija de Dione y de Zeus. También llegó a afirmarse que los progenitores fueron Zeus y Talasa, la representación femenina del mar.
En opinión de Platón, con el nombre de Afrodita existían dos diosas, una mayor y otra joven. La mayor, a quien llamaba Urania, sería la hija de Urano, y la menor, llamada Pandemos, sería la hija de Zeus y Dione. Para Pausanias, Afrodita Urania sería la diosa celestial y Afrodita Pandemos la más comúnmente conocida. Afrodita Urania representaba el amor del cuerpo y el alma, mientras que Afrodita Pandemos era identificada exclusivamente con el sexo.
Afrodita era la diosa del amor, la lujuria, la belleza, la prostitución y la fertilidad y como tal tenía varios antecedentes en las culturas del Medio Oriente cuyos más significativos ejemplos serían Inanna, en Sumeria, Ishtar, en Acadia o Astarté, en Fenicia. En Mesopotamia se la relacionaba con la estrella vespertina o planeta Venus. Se decía que Afrodita podía hacer que cualquier hombre se enamorase de ella con solo poner sus ojos en él.
Se le rendía culto en toda Grecia, particularmente en Atenas y Corinto, y un aspecto común del culto, tanto de Afrodita como de sus predecesoras, fue la práctica de la prostitución religiosa en sus santuarios y templos. Las hetairas, o cortesanas, eran conocidas por los griegos como siervas sagradas. En Jonia, Asia Menor, prestaban sus servicios en el templo de Artemisa. 

Leyendas
Son infinitos los mitos en los que, de forma directa o indirecta, interviene la diosa y la presentan como una deidad vanidosa, adusta y susceptible. De entre ellos destacan:

Matrimonio con Hefesto

Zeus se sentía preocupado temiendo que la belleza de la diosa provocara incidentes entre las deidades masculinas del Olimpo y, para evitarlos, la entregó en matrimonio a Hefesto, el contrahecho dios del fuego. Una leyenda distinta cuenta que Hefesto fue arrojado del Olimpo por su madre, Hera, a causa de su deformidad y el dios, para vengarse, le regaló un trono mágico que la atrapó al sentarse en él sin posibilidad alguna de abandonarlo. El resto de los dioses pidió a Hefesto la liberación y éste exigió a cambio que se le concediera la mano de Afrodita. Sin embargo, ésta mantenía una relación con Ares, dios de la guerra, y cuando Hefesto lo supo tejió una fina red de plata para atraparlos en el lecho en una de sus citas. Liberó a los amantes cuando prometieron que nunca reincidirían, promesa que incumplieron.

Eros y Psique
Cierta ciudad helena estaba gobernada por unos reyes que tenían tres hermosas hijas. La menor, llamada Psique, estaba dotada de tan deslumbrante belleza que muchos hombres acudían a contemplarla adorándola como si fuere la propia Afrodita, haciendo que la afluencia masculina hacia los templos de la diosa fuera disminuyendo paulatinamente hasta quedar los altares sin ofrendas.
Afrodita se sintió ofendida y pidió a su hijo, Eros, que hiciera lo necesario para que la muchacha se enamorara del hombre más feo de la Tierra y a quien la Fortuna hubiera maltratado más. Eros accedió a la petición materna, pero terminó enamorándose él mismo de Psique al pincharse, por accidente, con una de sus flechas.


Psique se sentía desconsolada y odiaba su belleza porque permanecía en la más absoluta soledad ya que todos la admiraban, pero nadie se presentaba como pretendiente.
El padre, preocupado por la situación, consultó al oráculo de Apolo recibiendo como respuesta que su hija no estaba destinada a ser la esposa de un mortal, sino de alguien que vivía en un alta montaña y a quien el resto de los dioses temía. Además debía llevar a su hija vestida de novia al monte más alto.El rey, desconsolado, volvió a su ciudad para cumplir el mandato del oráculo al que Psique había de someterse. Todo el pueblo acompañó a sus reyes y princesa hasta la roca situada en lo más alto de los montes donde quedó la joven a solas. Entonces Céfiro, viento del Oeste, comenzó a soplar hasta llevar a la joven hacia una pradera cubierta de flores donde quedó dormida.
Al despertar contempló un bello paisaje en el que destacaba una regia mansión en medio de un bosque con una fuente manando agua cristalina. Entró en el palacio quedando maravillada ante la riqueza sin par que se mostraba ante sus ojos sin que tuviera protección de ninguna clase.
Psique escuchó voces en su interior anunciándole que era la dueña de todas las riquezas que contemplaba y que debía disfrutar de ellas. Hizo caso a las voces y, tras un agradable festín, quedó dormida.
Estando en el lecho oyó llegar a su secreto marido que la hizo su esposa. Al amanecer el marido se alejaba presurosamente, mientras las voces la consolaban en su soledad. Y así fue pasando el tiempo.
Una noche, el marido le anunció la visita de sus hermanas ansiosas por saber si aún continuaba viva, y le rogó que no respondiera a sus llamadas porque sería peligroso para él. Tanto porfió ella que al final el marido secreto le permitió verlas y hablar con ellas, pero en modo alguno debía acceder a la petición de contemplar a su esposo porque entonces él desaparecería para siempre.
Las hermanas llegaron a la roca donde habían dejado a Psique y ésta pidió a Céfiro que las llevara ante su presencia para poder gozar del encuentro. El viento así lo hizo y la anfitriona mostró a sus hermanas la opulencia de su morada provocando la envidia de las visitantes, quienes mostraron su malsana curiosidad por conocer al marido de su hermana. Sin embargo, Psique sólo las informó de que era un apuesto joven y, tras obsequiarlas con valiosísimos regalos, pidió a Céfiro que las llevara de regreso.
Tras retornar a su domicilio, las dos hermanas mayores, corroídas por la envidia, acordaron elaborar un plan para despojarla de sus riquezas y felicidad.
El misterioso marido le advertía cada noche sobre la pretensión de sus hermanas de que ella le viera el rostro, informándole de que si lo hacía, nunca más volvería contemplarlo y que además, si no conocía su rostro, el hijo que llevaba en su seno sería divino, pero en caso contrario sería mortal.
Tal como había anunciado el marido, las hermanas regresaron y, tras someterla a un exhaustivo interrogatorio, llegaron a la conclusión de que su hermana estaba desposada con una divinidad y el hijo que iba a nacer sería un dios.
Volvieron al día siguiente consiguiendo persuadir a su hermana, mediante engaños, para que viera el rostro de su amado entregándole un puñal para que cortara la cabeza de la serpiente maligna que, según ellas, era su marido.
Cuando llegó la noche y su amor quedó dormido, Psique se acercó a él con la lámpara encendida y el puñal en la mano contemplando al dios Eros. Se abalanzó sobre él con ansia, pero una gota de aceite caliente cayó sobre el hombro divino despertándolo y desembarazándose de los brazos de su esposa voló hacia el Olimpo.
Psique, profundamente deprimida y arrepentida de su acción, quiso suicidarse arrojándose a un río cercano, pero éste la depositó en la orilla sin daño alguno y, cuando despertó de su letargo, el dios Pan le aconsejó que pidiera perdón a Eros mostrándose dulcemente sumisa.
Psique, atormentada por los remordimientos, vagaba enloquecida como cuando se pierde el amor. En su deambular sin rumbo llegó a las ciudades de sus hermanas a quienes informó que si subían a la montaña y se arrojaban al vacío, su esposo la recogería y las llevaría al suntuoso palacio. Ellas así lo hicieron, pero Eros no las recogió y ambas perecieron al precipitarse desde la roca.
Al conocer Afrodita que su hijo Eros estaba enamorado de su enemiga Psique, estalló en cólera y profirió graves amenazas e insultos contra el dios del amor. Hera y Deméter, conocedoras de la situación, defendieron a Eros ante su madre, pero Afrodita ignoró las razones y continuó con su enfado.
Psique continuaba buscando desesperadamente a su esposo y pidió ayuda a Hera y Deméter, pero ambas rehusaron hacerlo aconsejándole que se enfrentara a Afrodita. Siguiendo este consejo se presentó en la morada de su suegra
Fue recibida por una de las criadas, quien, colmándola de insultos, la llevó a la presencia de Afrodita. Ella la entregó a otras dos criadas, Soledad y Tristeza, para que la martirizaran. De nuevo en presencia de la dueña de la mansión, ésta mezcló gran cantidad de granos diferentes y exigiéndole que los debía tener ordenados por clases antes del anochecer. Psique se encontraba desesperada ante la imposibilidad de realizar la tarea encomendada, cuando una hormiga se compadeció de la muchacha y convocando a sus compañeras pudieron terminar el trabajo para la hora convenida desapareciendo a continuación sin dejar rastro.
Afrodita, al ver que se había producido el milagro, supo que, de alguna forma, su hijo había intervenido.
A la mañana siguiente Afrodita encargó a Psique que le proporcionara un vellón de lana dorada de unas ovejas que pastaban en un bosque próximo. Psique se dirigió hacia el bosque con la intención de arrojarse al río que discurría por las proximidades. Sin embargo, una rana la disuadió de sus intenciones y la advirtió que no se acercara a las ovejas mientras les estuviera dando el Sol ya que, en esos momentos eran, muy fieras y podían matarla. Le recomendó que espera a mediodía y cuando las vejas estuvieran descansando, recogiera la lana que había queda enganchada en la vegetación.
Cumplida la segunda misión, la diosa le encargó que le llevara una vasija de cristal llena del agua del manantial que brotaba en lo más alto de la escarpada montaña que daba origen a la laguna Estigia.
Comenzó a escalar trabajosamente la montaña, pero su esfuerzo no pasó desapercibido y de pronto apareció el águila de Zeus que le arrebató la jarra, la llenó de agua y se la devolvió para llevársela a Afrodita.
Pero ésta no quedó satisfecha y le entregó una cajita con el encargo de que fuera al Hades y pidiera a Perséfone que depositara en el interior del cofre un poco de su belleza, para que Afrodita pudiera recuperar la que había perdido cuidando a su hijo de la herida provocada por el aceite hirviendo de la lámpara de Psique.
El camino para llegar al Hades era la muerte y pensando en cumplir su destino subió a una torre altísima desde la que iba a arrojarse buscando una muerte segura. No obstante, la torre la convenció para que no lo hiciera, indicándole minuciosamente el camino que debería seguir para encontrar a Perséfone y advirtiéndole que debía pagar un óbolo al barquero Caronte, tanto a la ida como a la vuelta, además que podía distraer al can Cerbero dándole a comer un pastel de cebada.
Psique superó todos los obstáculos y encontró a la diosa del Inframundo, quien accedió a su requerimiento con lo que volvió al mundo de los vivos, pero no pudo resistir la tentación de abrir la caja para tomar un poco de su contenido y así gustar más a su amado. Lo hizo y del recipiente salió una adormidera que le provocó un sueño estigio.
Entretanto, Eros, ya recuperado de su quemadura, llegó hasta su esposa y recogiendo la adormidera, la devolvió a la caja y despertó a su esposa para que continuara su camino hacia Afrodita, mientras él se dirigió a hablar con Zeus para exponerle su caso.
Zeus, tras escuchar a Eros, ordenó a Hermes que convocara a todos los dioses en asamblea donde expuso su deseo de que se celebrara la ceremonia nupcial entre ambos amantes. Afrodita protestó, pero Zeus la apaciguó diciendo que convertiría a Psique en inmortal para lo que ordenó a Hermes que raptara a Psique y le ofreciera una copa de ambrosía.
A continuación se celebró un banquete de bodas y con el tiempo a Psique y Eros les nació un hijo al que llamaron Placer.

Adonis
Cíniras, rey de Chipre, tenía una bellísima hija llamada Esmirna, en cuyo honor fundó la ciudad del mismo nombre. Cuando la madre de ésta ofendió a Afrodita al afirmar que su hija era más bella que la diosa, Esmirna fue castigada haciéndola concebir una incontenible pasión hacia su padre. Cíniras la rechazó, pero Esmirna hizo que su nodriza embriagara al rey, tras lo cual se deslizó en su lecho consumando su pasión y quedando embarazada de él. Cuando la situación fue descubierta, el padre, enfurecido, persiguió a su hija para matarla. Esmirna huyó pidiendo misericordia a los dioses y éstos la escucharon transformándola en un árbol de mirra con lo que quedaba a salvo, provocando el suicidio de Cíniras en un intento de restablecer el honor de familia.
Esmirna dio a luz a un bebé llamado Adonis. Afrodita pasaba junto al árbol de mirra cuando vio al bebé y apiadándose de él lo colocó en una cuna y lo llevó al Hades para que Perséfone lo cuidara. Adonis creció hasta ser un joven increíblemente hermoso, y Afrodita volvió para recogerlo. Sin embargo, Perséfone quería que Adonis permaneciera con ella en el inframundo. Estalló la disputa entre ambas diosas obligando a Zeus a intervenir decretando que Adonis pasaría un tercio del año con Afrodita, otro tercio con Perséfone y otro con quien desease. Adonis eligió a Afrodita.
Una de las mayores aficiones de Adonis era la caza, y, aunque Afrodita no era una hábil cazadora, participaba en las jornadas cinegéticas para permanecer al lado de Adonis. Afrodita contemplaba extasiada a su joven compañero, pero sus obligaciones la hicieron abandonarlo momentáneamente no sin antes advertirle que se abstuviera de atacar a ningún animal que no demostrara miedo. Adonis olvidó el consejo y cuando encontró un enorme jabalí de mirada altanera lo persiguió para cazarlo. El animal que no era otro que Ares, dios de la guerra y amante de Afrodita, se revolvió y de una dentellada castró al joven que murió desangrado. Afrodita llegó tarde para salvarlo y sólo pudo llorar su muerte haciendo que de la tierra manchada por la sangre de Adonis nacieran anémonas en recuerdo suyo.
Al morir, Adonis volvió al inframundo y Perséfone se sintió muy complacida por el reencuentro. Afrodita, al descubrir donde se hallaba su amado, acudió al inframundo para rescatarlo, pero, de nuevo, Perséfone y ella riñeron por el joven hasta provocar otra vez la intervención de Zeus, quien decretó que pasará medio año con cada una. 


La manzana de la belleza.
Todas las divinidades y diversos mortales fueron invitados a la boda de Peleo y Tetis, futuros padres de Aquiles. Sólo la diosa de la discordia, Eris, no lo fue, aunque se presentó con una manzana dorada en la que aparecía la inscripción: “para la más hermosa”. Eris la que arrojó hacia el grupo que formaban Afrodita, Hera y Atenea y las tres reivindicaron la propiedad de la manzana alegando que cada una era más bella que las otras dos. Las tres diosas acordaron que Zeus diera su sentencia, pero éste, para evitarse del conflicto que le supondría favorecer a alguna de ellas, propuso que la elección la hiciera Paris, el príncipe troyano. Hera intentó ganar su veredicto prometiéndole un reino, Atenea le ofreció sabiduría, fama y gloria en la batalla, y Afrodita le prometió como esposa a la mujer más hermosa del mundo. Paris eligió a Afrodita y recibió como premio a Helena de Esparta, esposa de Menelao. Las otras diosas se sintieron despreciadas y, tras el rapto de Helena por Paris, intrigaron para provocar la Guerra de Troya.

Pigmalión y Galatea
Existen dos versiones sobre el mito del escultor chipriota Pigmalión. La primera nos habla de que el artista no había hallado mujer alguna digna de su amor. Afrodita, decidida a introducirlo en el goce amatorio, le inspiró un sueño para esculpir una estatua de marfil que se asemejara a ella. Cuando Pigmalión terminó su obra la llamó Galatea y se sintió tan profundamente enamorado de ella que le era imposible vivir sin su compañía. Entonces rezó a Afrodita pidiéndole que infundiera vida a la estatua a lo que la diosa accedió y el escultor contrajo matrimonio con su creación.
Otra versión cuenta que las conciudadanas de Pigmalión se sentían menospreciadas por el escultor quien no encontraba una mujer digna de su amor. Las mujeres rogaron a Afrodita que lo obligara a contraer matrimonio. La diosa aceptó el encargo y se presentó ante Pigmalión diciéndole que eligiera la mujer con quien quería casarse o la elegiría ella misma. El escultor le suplicó que le concediera tiempo y que le permitiese hacer una estatua de la diosa antes de elegir esposa. Afrodita, halagada, aceptó.
Pigmalión empleó mucho tiempo haciendo pequeñas esculturas de la diosa, afirmando, como justificación, que era necesario para poder elegir el modelo adecuado. Cuando comenzó a esculpir la escultura real, se sorprendió al descubrir que deseaba terminarla, aunque ello implicara tener que casarse. En realidad, lo que sucedía es que no estaba haciendo una estatua de Afrodita, sino de la mujer de sus sueños.
En el mismo momento en que Pigmalión terminó la escultura, Afrodita apareció y le dijo que eligiera a quien sería su esposa. Pigmalión eligió la estatua, cosa que no aceptó Afrodita pidiéndole que eligiese otra. Entonces, Pigmalión abrazó a su obra, y rogó a la diosa que lo transformara a él en estatua para así poder estar siempre con ella. Afrodita, conmovida, infundió vida a la estatua.

Consortes y descendientes

Divinidades
Ares: Anteros, Deimos, Eros, Fobos, Harmonía, Hímero 
Dioniso: Himeneo, Príapo
Hefesto
Hermes: Hermafrodito, Peito, Rodos, Tique


Mortales
Adonis
Anquises: Eneas
Butes: Érice
Faetón: Astinoo
Kratos

AGLAYA


Era la más joven y bella de las tres Cárites (gracias) y simbolizaba la inteligencia, la creatividad y la intuición. Era hija de Zeus y de la oceánide Eurinome y alguna tradición la une a Hefesto engendrando a:
Eucleia, diosa de la buena reputación
Eufeme diosa del buen discurso
Eutenea, diosa de la prosperidad
Filofrósine, diosa de la amabilidad.

ALFEO
Era el dios del río del mismo nombre, en el Peloponeso.
Según Pausanias, escritor griego del siglo II, Alfeo era un cazador enamorado de la ninfa Aretusa perteneciente al séquito de Artemisa quien había decidido permanecer virgen durante toda su vida. La ninfa rechazó las pretensiones del cazador y se refugió en la isla de Ortigia, situada en las proximidades de Siracusa, transformándose en la fuente que lleva su nombre con objeto de librarse de su enamorado. Ante ello, Alfeo se convirtió en el río del Peloponeso y la leyenda afirma que sus aguas se internan en la tierra hasta llegar a Ortigia para unirse a las de su amada.
Esta leyenda alimentó la afirmación de Estrabón de que si se arrojaba una copa al Alfeo, aparecería en la fuente de Ortigia.

Escultura que representa a la ninfa Aretusa huyendo de Alfeo

ALMÓN
Era el dios del río de su nombre que desemboca en el Tíber en las proximidades de Roma. Los augures dirigían sus oraciones a ambos ríos y en sus aguas se bañaba ritualmente una representación de la madre de los dioses. Fue padre de la náyade Lara, quien perdió su lengua como castigo por haber revelado a Hera los amores de Zeus con Yuturna. 

ALÓADAS
Eran dos hermanos gemelos llamados Oto, “búho orejudo”, y Efialtes, “el que salta”, hijos de Poseidón e Ifimedia. Fueron llamados así por el esposo de su madre, Aloeo. Eran gigantescos y estaban dotados de una gran fuerza y agresividad y se decía que a los nueve años tenían trece codos de estatura.
En un momento determinado trataron de asaltar el monte Olimpo para lo cual apilaron el monte Ossa sobre el Pelión, pero Apolo los venció abortando el intento.
En la Ilíada, Homero dice que lograron secuestrar a Ares y lo retuvieron en una jarra durante trece meses. Fue liberado cuando Artemisa se ofreció para yacer con Oto, lo que provocó la envidia de Efialtes comenzando una riña entre los hermanos. Artemisa aprovechó la ocasión y transformándose en una cierva huyó. Amos hermanos, que no deseaban dejarla escapar, arrojaron sus lanzas contra ella, pero se mataron el uno al otro.


Talla dulce, obra de Tommaso Piroli (1752 – 1824) a partir de un dibujo de 1793 de John Flaxman, empleada en una edición de la Ilíada de 1795: Oto y Efialtes mantienen encadenado a Ares.


AMALTEA
La figura de Amaltea fue representada de diversas formas. En una de ellas era la ninfa nodriza de Zeus. En otra fue la cabra que lo amamantó en una cueva de Creta y en una tercera aparecía como una náyade hija de uno de los Curetes, Hemonio, quien lo crió con la leche de una cabra en el monte Ida.
Una leyenda contaba que Rea, para salvar a su hijo pequeño de la voracidad de su padre, Cronos, lo escondió en el monte Ida, en Creta, dejándolo al cuidado de una ninfa que lo alimentó con miel de abeja y leche de cabra.
Un día la cabra se rompió uno de sus cuernos y Amaltea lo llenó con flores y frutas antes de llevárselo a Zeus, quien lo colocó entre las estrellas junto con la cabra, convirtiéndose éste en el primer unicornio y la cabra quedó representada en la constelación Capricornio, aunque también existen versiones en quien representaba a la cabra era Capella, la estrella más brillante de la constelación Auriga. Otra leyenda afirmaba que fue el propio Zeus quien rompió accidentalmente el cuerno con sus rayos y se lo dio a Amaltea, prometiéndole que le proporcionaría en abundancia todo lo que deseara. Alguna versión del mito decía que, a la muerte de la cabra, Zeus había formado con su piel la égida, una especie de armadura que lo protegía.

ANAGKÉ O DESTINO
Era la madre de las Moiras y la personificación de la inevitabilidad, la necesidad, la compulsión y la ineludibilidad. En la mitología romana era llamada Necessitas (‘necesidad’).
Surgió de la nada al principio de los tiempos formada por sí misma como un ser incorpóreo y serpentino cuyos brazos extendidos abarcaban todo el universo. Desde su aparición Ananké estuvo entrelazada con su compañero, la personificación del tiempo Crono. Juntos rodearon el huevo primigenio de materia sólida en su enlace constrictivo y lo dividieron en sus partes constituyentes (tierra, cielo y mar), provocando así la creación del universo ordenado.
Ananké y Crono permanecieron eternamente entrelazados como las fuerzas del destino y el tiempo que rodean el universo, guiando la rotación de los cielos y el interminable paso del tiempo. Ambos estaban muy lejos del alcance de los dioses más jóvenes, cuyos destinos se decía que controlaban.
Ananké era raramente adorada hasta la creación de la religión mistérica órfica. En la tradición órfica se decía que era hija de Hydros (el Océano primigenio) y Thesis (la primigenia Tethys) y madre con Crono de Éter y Érebo o Fanes.



ANATOLE
Era una de las doce Horas que, como divinidades menores, controlaban el tiempo del día comprendido entre antes del amanecer hasta después del anochecer. Personificaba el amanecer 

ANEMOI
Eran dioses del viento que se correspondían con los puntos cardinales desde donde soplaban y estaban relacionados con las estaciones del año. Su representación era variada pues, en ocasiones, figuraban como simples ráfagas de viento y en otras, la mayor parte de ellas, eran hombres de diversas edades siempre alados. También aparecían en forma de caballos encerrados en el establo de su gobernante Eolo que residía en la isla de Eolia. El resto de los dioses, en especial Zeus, también tenían influencia sobre ellos.
Según Hesíodo, los vientos beneficiosos eran hijos de Astreo y Eos, mientras que los destructivos lo eran de Tifón.

Se distinguían cuatro vientos principales:

Bóreas, dios que trae el invierno y que aparece representado por un anciano con una especie de caracola supuestamente que introduce el ruido característico del viento con la entrada de esta estación. 

Boreas (N)

Notos, viento del Sur asociado con el verano y el calor que lleva un ánfora llena de agua la cual vacía lo que representa o se creía que conllevaba las tormentas de finales de verano y otoño siendo temido por destructor de las cosechas.

Notos (S)

Céfiro o viento del Oeste que se identifica con una suave brisa que nos anuncia la llegada de la primavera, de ahí que su túnica tras las lluvias esté llenas de flores que comienzan a florecer. 

Zephyros (W)

Euro, viento del Sudeste que también es representado por un viejo que parece que tiene mal genio envuelto en su capa para protegerse la cara de la lluvia.

Evros (SE)

Además existían otros cuatro secundarios: Kaikias o Cecias, otra figura representada por un viejo con un escudo cubierto de hielos encargado por tanto de echar el granizo.

Kaikias

Apeliotes, viento del Este que trae el otoño y cuya misión es madurar las frutas y el trigo, por lo que entre los pliegues de su ropa y sus manos podemos apreciar una gran variedad de frutos, espigas de trigo o panales de miel. 

Apeliotis (E)

Lipos o viento del Sudoeste, viento bastante favorable donde figura un hombre con una aplustra o flámula en la mano que representa que este viento es ideal para la navegación.

Lipo

Skiron o viento del Noroeste que es similar a Bóreas pero con una vasija de barro invertida que representa las cualidades más frías de este viento y las tormentas.

Skirion (NW)

ÁNFIRO
Era una oceánide hija de Océano y Tetis.

ANTEROS
Era hijo de Ares y Afrodita y representaba el amor correspondido. Se le solía representar como un apuesto joven de larga cabellera con alas de mariposas y, a veces, con arco y flechas.
Su hermano Eros y él mostraban siempre una gran rivalidad y se decía que Anteros castigaba a quienes eran heridos por las flechas del desamor disparadas por Eros. Una leyenda ateniense contaba que Meles desdeñó el amor que le había manifestado Timágoras y cuando éste suplicó su afecto prometiéndole a cambio hacer lo que deseara, Meles le pidió que subiese a la cima de una roca y se arrojase al vacío. Timágoras así lo hizo y, cuando Meles comprobó que Timágoras había muerto, sufrió tal remordimiento que se arrojó desde la misma roca muriendo también Por esta razón alguna gente en Atenas adoraba a Anteros como el espíritu vengador de los amores no correspondidos. 


APELIOTES
Era el dios que controlaba el viento del Sureste que hacía madurar las frutas. Se creía que su hogar se situaba en las proximidades del palacio de Helios, en el Oriente y que él era el encargado de dirigir los rayos del Sol. Se representa como un joven alado, sin barba, completamente vestido de túnica y calzando coturnos, llevando entre sus manos un manto con una gran cantidad de grano y frutas. 


APIDANO
Era el dios del río del mismo nombre de Tesalia que desemboca en el Enipeo en las proximidades de Farlasos. Fue uno de los dioses que acudieron a consolar a Peneo por la metamorfosis de su hija Dafne.

APOLO
Era hijo de Zeus y Leto y hermano gemelo de Artemisa, la cazadora, fue una divinidad polifacética que recibía culto desde tiempos muy remotos y cuyos orígenes, probablemente, deban situarse en Mesopotamia, desde donde llegaría a la civilización helena a través de las culturas hurrita y ugaritica.
Era una deidad profética que actuaba por medio de los oráculos de Delfos y Delos, aunque también lo hacía en otros de menor importancia como el de Corinto. También se le relacionaba con la medicina, bien directamente o a través de su hijo Asclepio. Era el encargado de autorizar la partida de los colonos en busca de otras tierras y no se creaban nuevos asentamientos hasta recibir el consentimiento del dios. Se decía que fue él quien ayudó a los colonos cretenses a fundar Troya.
Protegía los rebaños y se le consideraba como el patrón de la música, y de la poesía, encargado de dirigir el coro de las Musas.


A partir del siglo III a. C., llegó a ser identificado con Helios, dios del Sol. También se le tenía como el protector de los arqueros y fue quien dirigió la flecha disparada por Paris contra Aquiles para que impactara en el único punto vulnerable del héroe.
Apolo representaba la armonía, el orden y la razón, características que contrastaban con las de Dioniso, dios del vino, que representaba todo lo contrario. Sin embargo, los griegos los consideraban como dos personalidades complementarias y equilibrantes entre sí. De tal forma estaban unidos que cuando Apolo conducía su carro hasta la región Hiperbórea en busca del rejuvenecimiento, Dioniso se ocupaba del oráculo de Delfos.
Los elementos más destacados como atributos fueron el arco y las flechas, la cítara, el plectro o púa para tocar la cítara, la espada, el trípode como elemento representativo de sus poderes proféticos, el laurel que se usaba en sacrificios expiatorios y también para elaborar la corona de la victoria en los Juegos Píticos celebrados en su honor cada cuatro años en Delfos. Le estaba consagrada la palmera por haber nacido bajo una de ellas en Delos. Se le relacionaba con muchos animales tales como los lobos, los delfines, los corzos, los cisnes, las cigarras, simbolizando la música, los halcones, los cuervos, las serpientes, los ratones y los grifos, míticos híbridos de águila y león de origen oriental.
En el arte Apolo es representado como un hombre joven, generalmente desnudo, imberbe y atractivo, a menudo con una cítara o un arco en la mano, o reclinado sobre un árbol. 

Leyendas
Nacimiento
Cuando Hera descubrió que Leto estaba embarazada por obra de Zeus, prohibió que fuera asistida por Ilitía, la diosa de los partos, y que diera a luz en tierra firme, ya fuera continente o isla. Al mismo tiempo envió a la monstruosa serpiente Pitón para que la persiguiera sin descanso impidiéndole gozar del sosiego conveniente para el parto. Zeus, enterado de la situación de su amada, encargó al viento Bóreas que la llevara a los dominios de Poseidón, quien la depositó en la isla flotante Ortigia y allí, protegida por las olas que hizo levantar el dios del mar en torno a la isla, pudo alumbrar primero a Artemisa y a continuación, con la ayuda de ésta, a Apolo. Tras el parto, Zeus unió la isla al fondo del Océano con cuatro columnas y pasó a llamarse Delos. También se afirmaba que Hera había secuestrado a Ilitía para impedir el parto, pero los demás dioses consiguieron que la liberase para que cumpliera su cometido a cambio de un collar de ámbar de ocho metros de largo.

Cuatro días después de su nacimiento, Apolo mató a la serpiente Pitón vengando así los sufrimientos que había hecho padecer a su madre. Tras ello, Hera envió al gigante Ticio a matar a Leto, pero los dos hermanos la defendieron hasta que intervino Zeus y arrojó al gigante al Tártaro. 

Admeto
Zeus mató con un rayo a Asclepio, hijo de Apolo, por haber resucitado a Hipólito transgrediendo la norma de no robar súbditos del Hades. Apolo, en venganza, mató a los Cíclopes, diseñadores del rayo de Zeus y, por esta acción, debía haber sido desterrado al Tártaro para toda la eternidad, pero, por intercesión de su madre, fue condenado a un año de trabajos forzados sirviendo como pastor al rey Admeto, en Tesalia. Admeto trató bien a Apolo por lo que éste, a cambio, le ayudó a conquistar a Alcestis, la hija del rey Pelias y más tarde convenció a las Moiras para que permitiesen a Admeto vivir más tiempo del que le correspondía, si alguien moría en su lugar. Al llegar la hora de la muerte, los padres de Admeto quienes él creían que morirían gustosos en su lugar se negaron a ello. En cambio, su esposa se ofreció para hacerlo y así sucedió, pero Heracles consiguió persuadir a Tánatos, el dios de la muerte, para que la devolviera al mundo de los vivos.

Guerra de Troya
Apolo propagó la peste en el campamento griego disparando flechas infestadas como venganza porque Agamenón había ordenado raptar a la hija de uno de los sacerdotes del dios. Para acabar con la peste, Apolo exigió la liberación de la cautiva y los griegos accedieron a ello.
Cuando Diomedes hirió a Eneas, su madre, Afrodita, intentó rescatarlo, pero también fue herida por Diomedes. Entonces intervino Apolo y envolviendo a Eneas en una nube lo llevó a Pérgamo, un lugar sagrado de Troya.
Apolo guío la flecha que lanzó Paris contra Aquiles haciéndola llegar al talón, la única parte vulnerable del héroe, vengando así el sacrilegio cometido por Aquiles al matar a Troilo, hijo del dios y de Hécuba, en el altar de un templo dedicado a él.

Níobe
Níobe, esposa de Anfión, rey de Tebas, alardeó de haber tenido siete hijos y siete hijas burlándose de Leto que sólo había tenido dos. Apolo y Artemisa vengaron la ofensa a su madre matando a todos los hijos de Níobe con flechas envenenadas. Anfión se suicidó y Níobe huyó buscando refugio en el monte Sípilo de Asia Menor donde se convirtió en piedra mientras lloraba. Sus lágrimas dieron origen al río Aqueloo. 

Amantes femeninas
Dafne
Era hija del dios río Peneo de Tesalia y de la ninfa Creúsa, sacerdotisa de Gea.

Apolo se burló de Eros por manejar un arco que era propio de hombres afirmando además que los cánticos del dios del amor le molestaban. Entonces, Eros lanzó una flecha dorada del amor hiriendo a Apolo y una flecha con punta de plomo, provocadora del desdén, hacia Dafne. El dios persiguió a la ninfa tratando de hacerla suya, pero ésta pidió ayuda a su padre, quien la transformó en un laurel salvándola del acoso de Apolo. Desde ese momento, el árbol del laurel fue sagrado para el dios.

Leucótoe
Leucótoe era una princesa mortal, hija de Órcamo y de Eurínome y hermana de Clitia que fue seducida por Apolo, quien adoptó la forma de su madre para poder acceder a sus aposentos. Clitia, celosa porque ella también deseaba al dios, contó a Órcamo lo sucedido traicionando la confianza de su hermana. Órcamo, lleno de furia, ordenó enterrar viva a Leucótoe. Apolo intentó devolverle la vida pero no pudo y la transformó en una planta de incienso. El dios ignoró a Clitia, resentido por su traición, y ésta, desesperada, permaneció sin comer hasta su muerte y entonces, Apolo la transformó en girasol para que siguiera la trayectoria del Sol durante todo el día sin alcanzarlo nunca. 


Castalia
Era una ninfa a quien Apolo intentaba seducir, pero ella huyó zambulléndose en la fuente situada al pie del monte Parnaso en Delos, que desde entonces adoptó el nombre de la ninfa. El agua de la fuente era sagrada y se utilizaba para la limpieza de los templos y también como fuente de inspiración para los poetas. 

La ninfa de la fuente. La leyenda de la parte superior dice: Yo, ninfa de la fuente sagrada, duermo. No interrumpas mi sueño. Se ha sugerido que la fuente sagrada representada en esta obra es la fuente Castalia.

Hécuba
Era la esposa del rey Príamo de Troya con la que Apolo tuvo un hijo llamado Troilo. Según la profecía de un oráculo, Troya no sería derrotada si Troilo llegaba a cumplir veinte años. Sin embargo, Aquiles le tendió una emboscada en la que falleció, provocando la cólera de Apolo quien, en venganza, guío la flecha disparada por Paris hasta el talón del héroe mirmidón, única parte vulnerable de su cuerpo, que le produjo la muerte.

Cirene
Era la hija de Hipseo, rey de los lapitas, y renunció a las labores propiamente femeninas dedicándose a vigilar los rebaños de su padre. En una ocasión tuvo que enfrentarse a un león para defender el rebaño que custodiaba y llamó tanto la atención de Apolo que se enamoró de ella y la raptó llevándola hasta el norte de África, donde fundó la ciudad de Cirene en su honor. Tuvieron un hijo al que llamaron Aristeo que fue convertido en inmortal por Gea tras beber la copa de ambrosía ofrecida por Hermes y que, con el tiempo, se convirtió en el dios patrón del ganado, de los árboles frutales, de la caza, la agricultura y la apicultura.
 

Cirene y el ganado (Cyrene and Cattle, 1830 - 1850).

Casandra
Era hija de Hécuba y Príamo, y hermanastra de Troilo. Apolo se enamoró de ella y, para seducirla, le prometió el don de la profecía, pero ella lo rechazó y, el dios, contrariado, le otorgó el don de conocer el futuro al tiempo que la maldición de que nadie le creyera.


Coronis
Era hija de Flegias, rey de los lapitas, con quien Apolo concibió a Asclepio. 
Durante el embarazo, Coronis se enamoró de Isquis, hijo de Flato. Un cuervo informó al dios de la situación, pero Apolo no creyó al ave e hizo que todos los cuervos cambiaran el color de su plumaje pasando del blanco al negro por divulgar mentiras. Cuando Apolo descubrió que el informe del cuervo era cierto, envió a su hermana Artemisa a matar a Coronis. Tras ello, declaró a los cuervos sagrados y les concedió la facultad de anunciar las muertes importantes. Apolo rescató a su hijo de la pila funeraria y se lo entregó al centauro Quirón para que lo criase. Flegias se enfureció tras la muerte de su hija e incendió el templo de Apolo en Delfos, por lo que Apolo lo mató. 


Amantes masculinos
Apolo fue el dios griego con una tendencia bisexual más acusada, quizá debido a que era el dios de la palestra, el lugar donde los jóvenes se reunían desnudos para practicar el atletismo. Muchos de los jóvenes amantes de Apolo sufrieron trágicas muertes a causa de accidentes.
Cipariso
Cipariso, descendiente de Heracles, fue otro amante masculino de Apolo al que el dios regaló un ciervo domesticado como compañero, pero Cipariso lo mató accidentalmente cuando el animal dormía entre la maleza. Cipariso pidió a Apolo que hiciera que sus lágrimas cayesen siempre, a lo que Apolo accedió transformándolo en un ciprés, del que se dice que es un árbol triste porque su savia forma gotas en el tronco semejantes a las lágrimas. 

Jacinto
Era un hermoso y atlético príncipe espartano amante del dios. Se contaba que un día ambos se encontraban practicando el lanzamiento de disco, cuando uno lanzado por Apolo fue desviado de su trayectoria por Céfiro golpeando a Jacinto en la cabeza lo que le provocó la muerte. Apolo se vio tan embargado por la tristeza y tan enfadado con Céfiro que lo convirtió en viento. De la sangre de Jacinto, Apolo creó la flor a la que puso el nombre del difunto manchando los pétalos con su nombre. 


La lira de Hermes
Maia quedó embarazada en su relación con Zeus y dio a luz a Hermes en el monte Cilene, en Arcadia. Tras el nacimiento, envolvió a su hijo en unas mantas, pero, mientras ella dormía, Hermes escapó llegando hasta Tesalia, donde Apolo cuidada los rebaños del rey Admeto, y le robó algunas cabezas de ganado conduciéndolas a una cueva situada en un bosque próximo a Pilos, borrando, a continuación, las huellas de su pillaje. En la cueva encontró una tortuga y la mató dejando el caparazón totalmente limpio. Con el caparazón de la tortuga y los intestinos de una vaca construyó la primera lira. Apolo se quejó a Maia de que su hijo había robado su ganado, pero Hermes ya había vuelto a donde lo dejó su madre, por lo que ésta no creyó las afirmaciones de Apolo. Zeus intervino afirmando que había presenciado la acción de Hermes y entonces, éste empezó a tocar música con la lira que había inventado. Apolo se sintió fascinado por el instrumento y propuso intercambiar el ganado por la lira. Hermes aceptó y Apolo se convirtió en un maestro del instrumento.

Castigo de Marsías

Pan, el semidiós de los pastores, tuvo la audacia de comparar su música con la de Apolo, y de retarlo a una prueba de habilidad. Tmolo, el dios montaña del mismo nombre, fue designado árbitro. Pan sopló sus flautas, y su rústica melodía produjo un gran placer a su seguidor Midas que se hallaba presente. A continuación, Apolo tocó su lira y Tmolo lo declaró vencedor. Midas no estuvo de acuerdo con el fallo y cuestionó su justicia. Entonces Apolo hizo que las orejas de Midas se transformaran en las de un burro. 
El sátiro Marsías encontró un aulos, oboe doble abandonado por Atenea, y desafió a Apolo a un concurso de música. Las Musas actuaron de jueces y, tras ambas actuaciones, declararon que los músicos estaban igualados. En vista de ello, Apolo propuso que tocaran al mismo tiempo y el dios fue proclamado vencedor. Apolo desolló vivo a Marsias en una cueva por su orgullo desmedido al desafiar a un dios. Su sangre dio origen al río que llevaba su nombre. 

Amantes masculinos:
Cipariso y Jacinto

Amantes femeninas:
Acanta
Arsínoe: Asclepio y Eriopis
Casandra
Calíope: Lino y Orfeo
Cirene: Aristeo
Coronis: Asclepio
Dafne
Dríope: Anfiso
Etusa: Eleuter
Hécuba: Troilo y Polixena
Leucótoe
Manto: Mopso
Pásmate: Lino
Quíone: Filamón
Reo: Anio
Sinope: Sirio
Terpsícore: Lino
Urania: Lino
Hijos de madres desconocidas: Cicno, Cíniras, Femónoe

AQUELOO
Era el dios del río del mismo nombre que discurre entre Etolia y Acarnania. Se le consideraba como el primogénito de Océano y Tetis y se le representaba como un toro con cabeza humana o como un anciano con dos cuernos, pelo gris y barba hirsuta de la que manaba agua. Se le considera padre de Castalia y Pirene. Estas personifican a dos famosas fuentes situadas en Delfos y Corinto respectivamente. También es padre de Calirroe la segunda esposa de Alcmeón
Luchó contra Hércules por el amor de Deyanira y en la lucha se transformó primero en serpiente y después en toro, circunstancia que fue aprovechada por su contrincante para derribarlo y arrancarle uno de los cuernos que era llamado el cuerno de la abundancia. 


Pudo recuperar el apéndice a cambio del cuerpo de Amaltea y fue obligado a refugiarse en el río Toas, que, desde entonces, se llamó Aqueloo, cuyas crecidas inundaban los campos de Calidón borrando las fronteras y provocando guerras entre los pueblos limítrofes. La forma de serpiente de Aqueloo se refiere a la sinuosidad de su curso, y la del toro, a la fuerza de sus inundaciones y al bramido de sus aguas. Hércules alteró su cauce construyendo diques y unificando los dos brazos en uno solo como simboliza el hecho de que le dejara un único cuerno. El nuevo cauce del Aqueloo facilitó el riego de las tierras incrementando la riqueza de la región justificando así la leyenda del cuerno de la abundancia.
Otra versión del origen del río narra como éste se formó a partir de las lágrimas derramadas por Níobe cuando Apolo y Artemisa mataron a flechazos todos sus hijos, excepto Melibea, castigados por haberse burlado de Leto por haber tenido solo dos hijos.
Una nueva leyenda narra que cuando Aqueloo perdió a sus hijas, las sirenas engendradas con Melpómene, estaba tan afligido que invocó a Gea y ésta le acogió en su seno naciendo en ese mismo lugar un abundante manantial que originó el río.
Aqueloo era muy respetado y su nombre se invocaba en oraciones, sacrificios y cuando se hacían juramentos. El oráculo de Zeus en Dodoma exigía hacer sacrificios al río cuando daba las respuestas a las consultas. Según Virgilio, el culto se extendió mucho debido a que Aqueloo terminó representando a todos los ríos y fuentes que facilitaban la agricultura y, por tanto, favorecían la vida humana.

AQUERONTE
Era el dios del río de su mismo nombre, hijo de Océano y Tetis, que se unió a Orfne o Gorgira, ninfas del Inframundo, con quien engendró a Ascálafo.

Su nombre significa “temible” y está situado en el Épiro, al noroeste de Grecia. 
Aqueronte también puede traducirse como “río de la tragedia” y se creía que era una bifurcación del río del inframundo por el que Caronte transportaba las almas de los fallecidos hasta el Hades. La leyenda afirma que todo se hundía en sus aguas excepto la barca de Caronte, quien efectuaba la travesía a cambio de un óbolo que se les ponía a los difuntos en la boca para que pudieran pagar el pasaje.
Se creía que la otra bifurcación del Aqueronte emergía en el cabo Acherusian, el actual Eregli, en Turquía.
Platón consideraba que el Aqueronte era el segundo mayor río del mundo, tras Océano y afirmaba que discurría en dirección opuesta a los demás ríos teniendo su nacimiento en el Océano y con un recorrido bajo tierra por lugares desérticos.
En él desembocaban los ríos Flegetonte y Cocito, considerado éste como una derivación de la laguna Estigia.

ARCE
Era hija de Taumante y Electra y hermana de Iris. Durante la Titanomaquia, Arce se inclinó hacia el bando de los Titanes y llegó a ser su mensajera, mientras que Iris lo era de los olímpicos. Al terminar el enfrentamiento divino, Zeus castigó a Arce arrojándola al Tártaro y despojándola de sus alas, que fueron entregadas a Tetis como regalo por su matrimonio con Peleo. Más tarde, Tetis colocó las alas en los pies de su hijo Aquiles, con lo que quedaba justificado el apelativo de “pies veloces” con el que se conocía al héroe troyano.

ARDESCO
Era el dios del río del mismo nombre cuyo curso recorría Tracia, la actual Bulgaria, desembocando en el Hebros cerca de Orestia. Su nombre actual es Maritsa.

ARES
Fue concebido por Zeus y Hera y se le rendía culto como dios de la guerra, aunque, su carácter salvaje y sanguinario lo relacionaba más con la fuerza bruta, la violencia, el tumulto y los horrores inherentes a las batallas. Este comportamiento le ocasionó no sólo la animadversión del resto de los dioses olímpicos, sino la desconfianza de los helenos quienes nunca estaban seguros de sí les favorecería o les perjudicaría e, incluso, imputaban a su forma de ser tan destructiva, los estragos causados por las plagas y epidemias.
Se consideraba que en Tracia se hallaba el hogar del dios porque era identificado con la belicosidad de las tribus tracias y, tanto allí como en la fronteriza Escitia se situaba su principal centro de culto. En Escitia era adorado bajo la forma de una espada a la que se ofrecían sacrificios de ganado, pero también humanos. 
En Grecia únicamente recibía culto en Esparta donde era apaciguado mediante sacrificios en la víspera de las batallas. Además recibía culto en otras tierras como la Cólquida, costa del mar Negro (actual Georgia), donde según el mito de los Argonautas se creía que el vellocino de oro estaba colgado de un roble en una arboleda consagrada a Ares. También se creía que los pájaros del Estínfalo habitaban en una isla próxima a la costa de Cólquida que estaba consagrada al dios y se la conocía por su nombre. En Olimpia existía un altar que le estaba dedicado y en Laconia tenía un templo con una arboleda donde se celebraba un festival anual durante el cual no se permitía que las mujeres se acercasen al templo.
Ares tenía una cuadriga tirada por cuatro caballos inmortales con bridas de oro que respiraban fuego. Era reconocido por su armadura de bronce y por la lanza que blandía en batalla. Los pájaros de Ares, o los del Estínfalo, eran unas aves carnívoras que tenían picos, alas y garras de bronce y cuyos excrementos venenosos arruinaban los cultivos. También podían lanzar sus plumas como dardos y guardaban el altar que las amazonas dedicaron al dios en la isla del mar Negro que llevaba su nombre. Su animal favorito era el perro.Las representaciones del dios son escasas, apareciendo principalmente en monedas, relieves y joyas con un casco crestado y su lanza.
Ares engendró con Afrodita a Deimos y Fobos quienes representaban los espíritus del terror y el miedo respectivamente y que siempre le acompañaban en sus luchas. Además su séquito en los conflictos bélicos estaba compuesto por Enio, diosa del derramamiento de sangre y la violencia, a quien se la consideraba como su hermana, Cidoimos, el demonio del alboroto, las Macas, los espíritus de las batallas y Alala, quien personificaba el grito de guerra griego y cuyo nombre era utilizado por Ares como grito propio. Eris, la diosa de a discordia, también intervenía en los combates, incitando a los soldados a luchar.
Ares aparece relacionado con la fundación de Tebas ya que se le atribuía la paternidad del monstruo que mató Cadmo y de cuyos dientes brotaron los espartos, una raza de guerreros descendientes de Ares. Cadmo, para aplacar a Ares por la muerte del monstruo, tomó como esposa a Harmonía, hija de éste con Afrodita, resolviendo así la contienda y fundando la ciudad de Tebas.

Ares con Afrodita y sus dos hijos Fobos y Deimos

Afrodita
Ares mantenía una relación amorosa con Afrodita cuando Zeus la entregó como esposa a Hefesto. La relación secreta continuó tras el matrimonio, pero Helios, el dios del Sol que todo lo ve, los sorprendió en uno de sus encuentros y se lo contó a Hefesto. Éste se enfureció y para atrapar a la pareja tejió una casi invisible red de plata que los inmovilizó en el lecho. Hefesto llamó a todos los dioses olímpicos para humillar a los amantes y sólo accedió a liberarlos si hacían la promesa de no reincidir, promesa que una vez libres no cumplieron. Alguna versión dice que Ares, tras ser liberado, se refugió en Tracia.

Otra versión cuenta que Ares ponía al joven Alectrión como vigilante para avisarles si llegaba alguien, pero el vigía se durmió y Helios descubrió a la pareja. Ares, como castigo por haber fallado en la vigilancia, transformó a Alectrión en un gallo para que nunca se olvidara de anunciar por la mañana la llegada del Sol. 


La Guerra de Troya
Según cuenta Homero en la Ilíada, Ares no se inclinaba por ninguno de los dos bandos y jugaba al despiste sin respetar las reglas de Temis que velaban por la existencia de un orden que aseguraba el correcto funcionamiento de todas las cosas. En un principio, Ares se comprometió con Hera y Atenea a combatir junto a la facción aquea, pero intervino Afrodita haciéndole cambiar de idea y pasarse al lado troyano.
En un enfrentamiento entre Diomedes y Héctor, el primero vio a Ares luchando en el bando troyano y pidió a sus soldados que se retirasen de la batalla. Hera, al ver la intromisión de su hijo quiso retirarlo de la lucha y cuando Ares atacó a Diomedes con su lanza, Atenea desvió el ataque, pero cuando Diomedes respondió con la pica, la diosa guío el golpe para herir a Ares, quien en su caída bramó como si fueran muchos soldados, lo que obligó a los troyanos a retirarse. Ares se refugió en el Olimpo.
Más tarde, al enterarse Ares que su hijo Ascáfalo había muerto, quiso unirse a los aqueos desobedeciendo la orden de Zeus de que ningún olímpico debía participar en la guerra. Atenea detuvo a Ares, pero, más tarde, cuando Zeus permitió a los dioses tomar parte activa en la guerra de los mortales, Ares intentó vengarse de Atenea, aunque ésta terminó hiriéndolo al golpearlo con una piedra, herida que hizo que Ares retornara a Tracia.

Consortes y descendencia
Existen relatos de un hijo de Ares, Cicno de Macedonia, que fue tan sanguinario que intentó construir un templo con las calaveras y huesos de los viajeros a los que asesinaba. Heracles lo mató, provocando la cólera de Ares, a quien también derrotó, obligándole a volver al Olimpo.
Otros consortes y descendientes de Ares son:
Aérope: Aéropo
Agraulo: Alcipe
Afrodita: Altea, Meleagro, Astíoque, Ascálafo y Yalmeno
Atalanta: Partenopeo
Cirene: Diomedes
Crisa: Flegias
Demonice: Evelo, Molo, Pil, Testio
Enio: Enialio
Eos
Eritia: Euritión
Esténope: Enómao
Filónome: Licasto, Parrasio
Harmonía: Amazonas
Otrera: Antíope, Hipólita, Pentesilea
Pelosia: Cicno
Protogenia: Óxilo
Tirine: Thassa
Tritea: Melanipo
Madre desconocida: Alcón. Drías, Eagro, Licimno, Lico, Niso, Portaón, Tereo.

ARIÓN
Era un caballo alado inmortal que poseía el don de la palabra, hijo de Poseidón y Deméter. La leyenda narraba que cierta vez, Poseidón quiso seducir a su hermana Deméter, pero ésta, muy preocupada por la desaparición de su hija Perséfone, lo rechazó y, ante la insistencia de él, se transformó en yegua ocultándose entre el rebaño del rey Oncio de Telpusia (Arcadia). Sin embargo, Poseidón la descubrió y metamorfoseándose en caballo la violó dejándola embarazada de Arión y Despoina. Sin embargo otros autores afirmaban que Arión fue un hijo partenogénito de Gea o que sus padres fueron el viento Céfiro y la arpía Podarge.


El fabuloso caballo intervino en un mito según el cual Heracles conquistó la ciudad de Élide montado en él y después se lo cedió al rey Adrasto de Argos a quien el corcel salvó de la muerte cuando su ejército fue derrotado en la lucha conocida como Los siete contra Tebas.



ARKTOS
Era una de las doce Horas que, como divinidades menores, controlaban el tiempo del día comprendido entre antes del amanecer hasta después del anochecer. Personificaba la última luz.
 

ARTEMISA
Era hija de Zeus y Leto y hermana de Apolo. Se la adoraba como la diosa virgen de la caza, de los animales salvajes y de las tierras sin cultivar. En algunos lugares también recibía culto como diosa de la fertilidad y de los partos porque, según un mito, ayudó a su madre en el alumbramiento de su hermano.
Solía ser representada llevando un vestido corto, calzada con botas, y armada de un arco y una aljaba con flechas. Generalmente la acompañaba un perro o un ciervo. Más tarde, en la época posclásica, pasó a estar asociada con la Luna, como su hermano Apolo con el Sol.
Artemisa fue adorada en casi toda Grecia, principalmente en el Ática y Esparta, así como en Éfeso (Asia Menor) donde se erigió un grandioso templo en su honor. En Éfeso estaba tan arraigado el culto a Artemisa que según se cuenta en los Hechos de los Apóstoles, los plateros, temerosos de que la nueva doctrina predicada por Saulo de Tarso afectara a su producción de objetos en honor a la diosa, se rebelaron en su defensa exclamando ¡Grande es la Artemisa de los efesios! (Hechos de los apóstoles 19-28). Los espartanos le ofrecían sacrificios antes de emprender una campaña militar y, en muchos lugares de Grecia, las jóvenes le ofrendaban muñecos y mechones de su pelo antes de la ceremonia nupcial. 

Nacimiento
Su nacimiento fue accidentado debido a los celos de Hera, quien, al descubrir que Leto estaba embarazada de Zeus, prohibió que diera a luz en tierra firme y envió a la monstruosa serpiente Pitón en su persecución para que no hallara el reposo necesario para el parto. Pero Zeus ordenó al viento Bóreas que la recogiera y se la entregara a Poseidón, quien la llevó a la isla flotante Ortigia, arrancada del fondo marino por Zeus para eludir la prohibición de su esposa, y la protegió con sus olas impidiendo que fuera localizada. Allí Leto dio a luz a los gemelos Apolo y Artemisa. Más tarde, la isla de Ortigia fue fijada al fondo del mar mediante cuatro columnas y pasó a llamarse Delos y se dice que allí fue donde Apolo mató a Pitón para vengar los sufrimientos que había infringido a su madre.
 

Infancia
Apenas hay referencias a su infancia en la literatura griega. En la Ilíada se habla de que la niña, cuando era maltratada por Hera, buscó refugio en las rodillas de su padre. El poeta Calímaco la imaginaba cazando en las montañas y pidiendo a Zeus que le concediera la potestad de permanecer célibe durante toda su vida, perros para que la ayudaran en la caza, ciervos para que tiraran de su carro, ninfas que la acompañaran en las cacerías y oceánides de nueve años que bailaran para ella. Zeus concedió todos sus deseos y tanto ella como sus compañeras guardaron su castidad.
 

Leyendas 
Acteón
En una ocasión, Artemisa estaba bañándose desnuda en el bosque en compañía de sus ninfas, cuando el príncipe tebano Acteón, que se encontraba cazando en la zona, la vio. Las ninfas, al reparar en la presencia del cazador corrieron para cubrir la desnudez de la diosa. Ésta se disgustó por haber sido contemplada desnuda y arrojó agua al rostro de Acteón transformándolo en un ciervo que fue destrozado por los perros ignorantes de que atacaban a su dueño.
 

Orión
Abandonó a Eos, la Aurora, y se convirtió en un compañero de caza de Artemisa a cuyas manos pereció. Los motivos no están claros ya que las versiones son varias.

Orión perseguía a Artemisa tratando de violarla y ésta se refugió en la isla de Quíos desde donde envió un escorpión para matar a su agresor. Dicha escena fue representada en el cielo lo que explica que la constelación de Escorpio aparece en el cielo nocturno cuando Orión comienza a desaparecer por el horizonte. El perro de Orión se representó en la estrella Sirio.
Orión violó a Opis, una de las vírgenes hiperbórea y Artemisa lo mató. En esta versión parece que interviene Apolo temeroso de que su hermana perdiera la virginidad con su compañero de caza. Para evitar el peligro le habló a Gea de la arrogancia del cazador y ésta envió un escorpión para atacarlo. Orión trató de huir nadando hacia la isla de Delos donde esperaba la ayuda de su antigua amante Eos. Apolo desafió a su hermana a disparar flechas contra el fugitivo y una de ellas lo mató. Cuando Artemisa se enteró de que había dado muerte a Orión pidió a Zeus que lo colocara en el cielo ante la imposibilidad de resucitarlo. 

Calisto
Era cazadora y pertenecía al séquito de Artemisa por lo que tenía que mantener el voto de castidad. Sin embargo, Zeus se enamoró de ella y, para seducirla, adoptó la forma de Artemisa y Calisto quedó embarazada.
Júpiter y Calisto

Una versión cuenta que Zeus, para evitar que su esposa Hera conociera su aventura, transformó a su amante en osa. Pese a estas precauciones, Hera descubrió el engaño y durante una cacería pidió a Artemisa que disparase sus flechas contra la osa, cosa que hizo dando muerte a su compañera. Según Ovidio quien convirtió a Calisto en osa fue Hera a causa de haber incumplido su voto de castidad.
No obstante, Zeus, la elevó al cielo como la constelación de la Osa Mayor entregando a Arcas, el hijo de ambos, a la pléyade Maya para que lo criara. Arcas, al morir, fue representado en el cielo con la forma de la Osa Menor.
Se cuenta ambas constelaciones tienen una órbita circumpolar porque Tetis, la niñera de Hera, prohibió que se sumergieran en el mar disgustada por la intrusión de Calisto en el lecho de su ahijada.
 

Níobe
Níobe, reina de Tebas y esposa de Anfión, alardeó de su superioridad sobre Leto porque había tenido muchos hijos, los Nióbides, mientras Leto había tenido sólo dos.
Apolo y Artemisa, para vengar la burla hacia su madre mataron a flechazos a todos los hijos de Níobe.
 

Agamenón e Ifigenia
Cuando Agamenón se dirigía a Troya fue castigado por Artemisa deteniendo el viento en Áulide evitando así que pudiera hacerse a la mar. El motivo parece ser que Agamenón había matado un ciervo sagrado en un bosque de caza reservado a la diosa, alardeando, tras ello, de ser el mejor cazador. Un adivino llamado Calcas informó al rey de que la única forma de apaciguar a Artemisa era sacrificar a su hija Ifigenia. Existen dos versiones sobre el desenlace del sacrificio. En una de ellas, Artemisa, en el último momento, sustituyó la víctima por una corza blanca, llevando a Ifigenia a Táuride (Crimea) donde la convirtió en su sacerdotisa. En algunas versiones, Agamenón sacrificaba a su hija lo que propició su propia muerte a manos de su esposa Clitemnestra y el amante de ésta, Egisto. 

ASIA
Algunos autores la consideran esposa de Jápeto y madre de Átlas, Prometeo, Epimeteo y Menecio. Heródoto afirma que el nombre del continente procede de esta ninfa.
 

ASOPIS
Era una ninfa hija del dios río Asopo y de Metope, hija de Ladón.
 

ASOPO
Aparecía como el nombre de dos reyes que descubrieron los ríos de Beocia y Peloponeso otorgándoles su nombre, pero con el transcurso del tiempo ambos personajes se fueron fundiendo en uno, que fue divinizado como el resto de los ríos. Sin embargo, gracias al carácter geográfico de los nombres de los hijos de Asopo, es posible dilucidar qué partes de la historia pertenecen al río de Beocia y cuáles al del Peloponeso. Finalmente Asopo figuraría como un oceánida hijo de Océano y Tetis.

Había cuatro ríos en Grecia con este nombre:

Asopo Beodo: Era un río de Beocia que nace en el monte Citerón y atraviesa la región de Platea hasta desembocar en el estrecho de Eurico constituyendo la frontera entre Tebas y Platea en cuyas orillas tuvo lugar la batalla de Platea.
Pausanias decía que Asopo era un antiguo rey de Platea, que dio su nombre al río de la región. Según esta leyenda el nombre de Platea se otorgó como homenaje a una hija de Asopo, bien como dios río o bien como rey de la misma.
Asopo tuvo otras hijas: Oroe, nombre de un afluente del río, Tebe y Trespias, que dieron nombre a dos ciudades de Beocia, y Antíope, quien engendró con Zeus a Zeto y Anfión. También fue hijo del Asopo beocio el héroe Hipseo. 

Asopo Fliuncio: es un río del Peloponeso, que nacía en Fliunte y desembocaba en el golfo de Corinto, en las proximidades de Sición. Los habitantes de estas regiones afirmaban que, en realidad, el Asopo era el mismo río que el Meandro, en Frigia y Caria, pues, según ellos, el Meandro no desembocaba en el mar a su llegada a Mileto, sino que continuaba su curso bajo tierra y volvía a nacer en el Peloponeso, formando el Asopo. 

Según Pausanias, Asopo era hijo de Poseidón y Celusa que bajo el reinado de Aras, el primer mortal del reino de Sición, descubrió el río que desde entonces llevó su nombre.
Más tarde, Diodoro Sículo, habla ya de Asopo como un oceánida que coloniza Fliasia y contrae nupcias con Metope, hija del dios-río Ladón, con quien tuvo numerosa descendencia entre la que destacan varias ninfas que fueron deseadas por dioses como Zeus, Apolo y Poseidón.
De estas uniones nacieron hijos que iban dando nombre a los lugares y ciudades que colonizaban a lo largo del curso del río, así como a las distintas partes de Grecia que fueron conquistando.
Cuando Zeus, convertido en águila, raptó a Egina, Asopo inició su búsqueda pidiendo ayuda a Sísifo, rey de Corinto, quien prometió hacerlo si proporcionaba a la ciudad un manantial permanente con el que abastecerse. Asopo creó el manantial de Pirene y Sísifo lo informó de cuanto sabía. Entonces Asopo inundó la zona y logró descubrir a Zeus con su hija en el bosque. Zeus, desarmado, huyó precipitadamente volviendo al Olimpo desde donde lanzó sus rayos obligando al río a volver a su cauce. Desde entonces el río se mueve lentamente a causa de las heridas que recibió y en el lecho se pueden encontrar trozos de carbón causados por el incendio provocado por los rayos del dios. Sísifo fue condenado a subir una pesadísima rueda a un monte desde donde volvía a rodar hasta abajo debiendo volver a subirla y así durante toda la eternidad.
Tebe y Platea también fueron seducidas por Zeus teniendo la primera que retirarse a las aguas de Dirce. Córcira, Salamina y Eubea fueron amantes de Poseidón y dieron nombre a las islas donde las llevó el dios. Apolo amó a Sinope y Tespia mientras que Tanagra lo fue por Ares. Todas estas ninfas fueron raptadas, por lo que Asopo ignoró el paradero de sus hijas hasta que Acafrón, el adivino, le comunicó que Afrodita y Eros habían incitado a los cuatro dioses raptar a las ninfas aconsejándole que aceptara la situación y agradeciera a los dioses el haberse fijado en sus hijas. Asopo aceptó el consejo. 

Los hijos más conocidos de Asopo y Metope fueron:
Antíope
Asopis
Calcis
Cleone
Córcira que fue amada por Poseidón y dio nombre a una isla.
Egina, raptada por Zeus y epónima de una isla en el mar Egeo.
Eroe.
Harpina, madre de Enómao.
Hipseo, héroe que defendió Tebas del ataque de los Siete.
Ismene, abuela de Ío.
Ismeno, padre de Dirce.
Nemea, que dio nombre a una región del Peloponeso.
Ornia.
Pelasgo.
Pirene.
Platea.
Salamina, que dio su nombre a una isla.
Sinope, madre de Sirio.
Tanagra.
Tebas, que dio nombre a la famosa ciudad de la Beocia.
Tespia, que también dio nombre a una ciudad cercana a Tebas.

Además existían: Un río en Tesalia y Herodoto habla de otro cerca del paso de las Termópilas.  

ASTERIA
Era hija de Ceo y Febe y hermana de Leto. Se la veneraba como diosa del día. 
Zeus intentó poseerla y para evitarlo se transformó en codorniz arrojándose al mar donde se convirtió en la isla flotante Ortigia, cuyo nombre fue sustituido más tarde por el de Delos (brillante) en honor a Apolo, dios de la luz, y quedó fijada al fondo marino por cuatro columnas. Junto a Perses fue madre de Hécate. 

ASTERIÓN
Era el dios del río del mismo nombre del Peloponeso afluente del Ínaco. Junto a sus hermanos Cefiso e Ínaco sentenciaron que la argólide fuera propiedad de Hera en su disputa con Poseidón la posesión de la región. La decisión quizá estuvo motivada porque las hijas del dios río, Eubea, Prosimna y Acrea, habían sido nodrizas de Hera. Poseidón se vengó haciendo que los tres ríos sólo llevaran agua en la época de lluvias.
 

ASTREO
Hijo de Crío y Euribia. Se unió a Eos, la Aurora, y fue el padre de los vientos
Bóreas, del norte, (trae el invierno)

Céfiro, del oeste (anuncia la primavera)
Noto, del sur (trae las tormentas de final verano y otoño)
Euro, del este (trae calor y lluvia)

Y de las estrellas errantes:
Eósforo, estrella de la mañana (Venus)
Hesperis, estrella de la tarde (Venus)
Fenonte (Júpiter)
Faenonte (Saturno)
Piroente (Marte)
Estilbo (Mercurio)
 

ATE
Era hija de Zeus y, probablemente, de Eris, la diosa de la discordia, y se la consideraba como la diosa de la fatalidad y la personificación de las acciones irreflexivas.

Instigada por Hera, convenció a Zeus para que jurase que el día que naciera un mortal descendiente suyo, éste sería un gran gobernante. Tras ello, Hera retrasó el nacimiento de Heracles y provocó el de Euristeo prematuramente, logrando así que éste obtuviese el poder destinado al primero. Encolerizado, Zeus arrojó a Ate a la tierra prohibiendo que volviese al Olimpo. Ate cayó en Frigia en una colina que recibió su nombre y sobre la cual Ilo fundó la ciudad de Ilión, otro nombre con el que se conocía Troya. Ate vagó por el mundo provocando el caos entre los mortales.
Se contaba que Hera incitó a Ate para que persuadiera a Ampelo, un joven a quien Dioniso amaba apasionadamente, para que impresionase a éste cabalgando un toro. Ampelo se cayó rompiéndose el cuello y fue transformado en vid. 

ATENEA
Homero se refería a ella como hija de Zeus obviando cualquier alusión a las circunstancias de su nacimiento. No obstante, la mayoría de los mitos coinciden en afirmar que nació de la cabeza de Zeus ya adulta. Hesíodo puntualiza que la madre de Atenea fue la oceánide Metis y que el dios, tras yacer con ella, recordó la profecía según la cual si concebía algún hijo con Metis, éste sería más poderoso que él. Para impedirlo, Zeus, siguiendo el consejo de Gea y Urano, engulló a su esposa, pero ésta ya llevaba en su seno a Atenea, quien terminaría naciendo al brotar de la cabeza de su padre.
Píndaro señala que fue Hefesto quien abrió la cabeza de Zeus con su hacha de doble filo tratando de aliviar los terribles dolores que experimentaba el dios. Del corte emergió Atenea. Mitos clásicos posteriores afirmaban que Hera, en venganza porque su marido había tenido una hija sin su concurso, hizo lo propio con Hefesto.
Otro mito atribuye la paternidad de Atenea al gigante alado Palas quien, más tarde, murió a manos de la diosa cuando intento profanar su castidad, lo que hizo que también fuera conocida como Palas Atenea. Desde entonces la diosa utilizó una égida protectora confeccionada con la piel de su agresor y se ató a los pies las alas del gigante. Una nueva versión considera a Atenea hija de Poseidón y la ninfa Tritonis y que, en cierta ocasión, la diosa se enfadó con su padre abandonándolo para buscar refugio en Zeus, quien la prohijó.

FUNDACIÓN DE ATENAS
El nombre de la diosa está íntimamente ligado al mito fundacional de Atenas. Se contaba que Atenea y Poseidón rivalizaban por otorgar su protección a una innominada ciudad llegando al acuerdo de que cada uno entregaría un regalo a los ciudadanos para que éstos eligiesen su preferido. Poseidón golpeó el suelo con su tridente e hizo brotar una fuente que les proporcionaba agua y les facilitaría el comercio. Sin embargo el agua era tan salobre que casi no se podía consumir. Atenea, en cambio, ofreció el olivo para cultivar del que podían obtener madera, leña y aceite. Los ciudadanos aceptaron regalo de Atenea y con él el patronazgo de la ciudad a la que llamaron Atenas en su honor.
Una variante de este relato es que los ciudadanos decidieron elegir por votación cuál de los dioses daría nombre a su ciudad y se encargaría de protegerla. Todas las mujeres votaron a favor de Atenea y todos los hombres a Poseidón. Ganó Atenea por un solo voto y Poseidón, encolerizado por su derrota, arrasó la región con sus olas. Para calmar la cólera del dios del mar, desde entonces las mujeres dejaron de tener derecho al voto y el linaje se transmitía por línea paterna.

Atenea fue una protectora de héroes tal como aparece en diversos mitos. Ayudó a Perseo en su viaje para decapitar a Medusa, mostró a Heracles cómo despellejar al león de Nemea utilizando sus propias garras, le ayudó a vencer a los pájaros de Estínfalo cuyos excrementos tóxicos arruinaban las cosechas, a capturar al can Cerbero guardián de las puertas del inframundo y a matar a la hidra Lerna.
También se contaba que ayudó a Odiseo a volver a Ítaca cautivada por su astucia y perspicacia.
Colaboró con su padre y Heracles durante la Gigantomaquia tanto con su asesoramiento como de forma activa, ya que ella fue quien enterró a Encéfalo bajo Sicilia y mató a Palas. En el mito de los argonautas se cuenta que dirigió la construcción del barco Argo. 

Medusa
Medusa era una de las tres gorgonas, pero a diferencia de sus horrorosas hermanas, era extremadamente bella, y sedujo a Poseidón manteniendo relaciones con él, de buen grado o por la fuerza, en un templo de Atenea. Al descubrir la profanación, la diosa castigó a Medusa haciéndola igual de horrible que sus hermanas con su pelo convertido en serpientes y con el poder de petrificar con la mirada. Cuando Perseo decapitó a Medusa, sus hermanas Esteno y Euríale lloraron la muerte con lastimeros sonidos emitidos por las bocas de las serpientes que poblaban sus cabezas, y se decía que Atenea inventó la flauta al cortar una caña, hacerle orificios e imitar los sonidos emitidos por las gorgonas.
 

Patronazgos
Atenea se representaba como protectora de la agricultura e inventora del arado y del rastrillo. Entregó el olivo como planta cultivable enseñando a los humanos como cuidarlo, así como a uncir los bueyes al arado y a la cría y doma de los caballos con bridas, instrumento que se supone invención suya. En Atenas enseñó a Erictonio cómo enganchar sus caballos a un carro ideado por la diosa, y en Corinto mostró a Belerofonte la forma de dominar a Pegaso. El barco Argo de los argonautas fue construido bajo su dirección y siguiendo un diseño suyo. Hizo que los humanos se familiarizaran en el manejo de los utensilios e instrumentos necesarios para practicar las diversas artes que ella había ensayado en su taller junto con Hefesto, como por ejemplo las herramientas para producir fuego. Se le atribuye la invención de los números y las reglas para su uso.
Existía una creencia generalizada de que la mayoría de trabajos que realizaban las mujeres eran de su invención. Los artes del hilado y tejido constituían un ejemplo de ello y la diosa era una verdadera experta en ambos. Muchas estatuas mostraban un huso y una rueca en su mano. Inventó la música y la danza así como la trompeta y la flauta. Fue la primera danzarina que interpretó la danza de la guerra cuya primera ejecutoria fue para celebrar la victoria de los dioses sobre los Gigantes. En las escenas olímpicas, se la representaron sentada a la derecha de Zeus aconsejándolo.
Atenea velaba por la ciudad-estado propiciando la prosperidad de la misma al fomentar la agricultura, la industria y el comercio así como haciendo mantener la ley y el orden no sólo en los aspectos relativos a la convivencia ciudadana sino también en la producción y el comercio.
También protegía la ciudad de sus enemigos extranjeros al asumir el patronazgo de la guerra justa, lo que la hacía muy diferente de Ares. Atenea no sentía una especial atracción por la guerra y únicamente la apoyaba cuando la ciudad podía obtener beneficios al emprenderla y con alta probabilidad de victoria.
Homero afirmaba que carecía de armas propias y, cuando las necesitaba, recurría a las de Zeus. Era la encargada de frenar los impulsos guerreros de Ares.
 

Culto
Atenea fue adorada en toda Grecia y su culto se remontaba a tiempos muy primitivos. Posiblemente el origen del culto haya que situarlo en Beocia y desde allí se fuera extendiendo a todo el orbe heleno. Se le ofrecían sacrificios de toros y corderos, aunque en Troya se decía que se le sacrificaban doncellas o niños cada año como expiación por la violación de la princesa Casandra por Ayax, hecho que encolerizó a Atenea quien con la ayuda de Poseidón hizo naufragar el barco de Ayax provocándole la muerte cuando regresaba a su hogar una vez terminada la Guerra de Troya.
En el Ática se celebraban varios festivales haciendo referencia al papel de Atenea como protectora de la agricultura e, incluso, la festividad principal fue originariamente una fiesta de la cosecha.
Se conservan un gran número de representaciones de Atenea en estatuas, bustos colosales, relieves, monedas y vasijas pintadas lo que proporciona una muestra de su relevancia en el mundo heleno.  

ATLANTE
Era uno de los hijos de Poseidón y Clito que formaron la generación de los atlantes.
 

ATLAS
Su nombre significa “el portador” y era hijo de Jápeto y la ninfa Clímene y hermano de Prometeo, Epimeteo y Menecio. Fue el padre de las Hespérides (con Hesperis), Mera, las Híades, Calipso y las Pléyades.
Atlas fue muy activo en el bando de los Titanes durante la Titanomaquia y, cuando fueron derrotados por los olímpicos, Zeus le castigó a soportar el peso de los casi derruidos cielos sobre sus hombros. Se decía que Atlas, pese a su descomunal fuerza, gemía bajo el peso de la bóveda celeste.
Otra leyenda narra que gobernó un territorio del Norte de África con un jardín en el que crecía un manzano con hojas y frutos dorados. Se creía que las manzanas doradas que Gea regaló a Zeus y Hera por su boda procedían de este árbol. 

Un nuevo mito habla de que Perseo, tras cortar la cabeza a la Medusa, llegó al reino pidiendo hospitalidad, pero Átlas se la denegó. Entonces Perseo sostuvo la cabeza de la Medusa frente a los ojos de Átlas convirtiéndolo en la cordillera que lleva su nombre de la que se pensaba que era tan alta que tocaba el cielo y que sus bosques eran tan densos que impedían el tránsito por ella. 

ÁTROPOS
Era la mayor de las Moiras hijas de Zeus y Temis. Era conocida como “la inexorable” y se encargaba de cortar el hilo de la vida de cada mortal cuando ésta había llegado a su final.
 

AUGE
Era una de las doce Horas que, como divinidades menores, controlaban el tiempo del día comprendido entre antes del amanecer hasta después del anochecer. Personificaba la primera luz.
 

AURORA
Era hija de Hiperión y Tía y se le adoraba como la diosa de la aurora, quien residía en un palacio situado al borde del Océano, río que rodeaba al mundo, cerca de una de las puertas del inframundo. Cada amanecer abandonaba su hogar para anunciar la llegada de su hermano Helios abriendo las puertas del inframundo con sus dedos sonrosados para que el dios del Sol pudiera conducir su carro por el cielo durante día. Siempre iba precedida por la estrella de la mañana, Venus, y era considerada como el origen de todas las estrellas y planetas. Sus lágrimas eran las creadoras del rocío matutino.

En las vasijas áticas estaba representada como una mujer excepcionalmente hermosa, coronada con una tiara y con largas alas de plumas blancas.
Eos tuvo muchos amantes divinos y humanos. Con Astreo tuvo a todos los vientos y estrellas. Se enamoró de Orión, pero no fue correspondida. Secuestró a Céfalo, Clito, Ganimedes y Titono para que fueran sus amantes. 

Titono
Fue el más fiel de sus amantes. Una leyenda cuenta que en un tiempo Ganímedes era el amante de Eos y cuando Zeus se lo robó para que fuera su copero, la diosa pidió al rey del Olimpo que concediera la inmortalidad a Titono, pero olvidó pedirle también para él la eterna juventud. Zeus accedió a la solicitud y Titono vivió para siempre haciéndose cada vez más anciano hasta que se convirtió en un grillo. Desde entonces cada amanecer, la Aurora llora por el destino de su amante transformándose sus lágrimas en el rocío que bebe el grillo que canta continuamente mori, mori, mori… expresando así su deseo de morir.
Según Hesíodo, Titono y Eos tuvieron dos hijos, Memnón y Ematión. Memnón luchó junto a los troyanos en la Guerra de Troya y fue muerto. La imagen de Eos con Memnón muerto sobre sus rodillas, fue la fuente de inspiración de la Pietà de Miguel Ángel. 

Céfalo
Eos raptó a Céfalo, un joven ateniense, cuando éste estaba cazando y lo llevó a Siria. Aunque Céfalo ya estaba casado con Procris, Eos tuvo tres hijos con él. Cuando Céfalo empezó a añorar a su esposa, Eos, contrariada, lo devolvió maldiciéndolo. La maldición se cumplió cuando, según Higinio, Céfalo mató a su esposa mientras cazaba al confundirla con un animal.
 

Consortes y descendencia
Astreo: Bóreas, Céfiro, Euro, Noto y las estrellas errantes (planetas)
Titono: Ematión y Memnón
Céfalo: Faetonte, Titono y Héspero
Zeus: Ersa
 

AUTOCTONO
Era uno de los hijos de Poseidón y Clito que formaron la generación de los atlantes.
 

AUTÓNOE
Era una nereida, una de las cincuenta hijas de Nereo y Doris.
 

AXIO (Vardar)
Era el dios del río del mismo nombre que recorre Macedonia y parte de Grecia hasta desembocar en el mar Egeo cerca de Salónica. El nombre Vardar es de origen persa.

AUXO
Era una de las Horas a quien Higinio presentaba como hija de Zeus y Temis considerándola como la encargada de cuidar el desarrollo de las plantas.
 

AZÉS o AZAES
Era uno de los hijos de Poseidón y Clito que formaron la generación de los atlantes. 

BÍA
Era hija de Palas y de Estigia y se le consideraba como la personificación femenina de la fuerza y de la violencia. Como compensación por la ayuda que le había prestado su madre durante la Titanomaquia, Zeus le concedió el honor de pertenecer a su séquito junto a sus hermanos Zelo y Cratos y su hermana Niké.
Era adorada, junto a Némesis, la venganza, en la ciudad de Corinto, en cuya acrópolis le estaba dedicado un templo al que, curiosamente, no existía la costumbre de visitar.
Se le representaba como una mujer armada con una coraza y una maza en la mano.

BÓREAS
Era el dios que controlaba el frío viento del Norte propio de la estación invernal. Era hijo de Astreo y Eos y tenía una fuerte constitución y un carácter violento. Se creía que su residencia se encontraba en Tracia y que más allá de ella existía una tierra a la que llamaban Hiperbórea, más allá de Bóreas, donde sus habitantes eran muy longevos y disfrutaban siempre de una completa felicidad. Se le representaba como un anciano barbudo, con el cabello desgreñado y dotado de alas, que vestía una túnica de nubes y portaba una caracola.
Se le relacionaba con los caballos hasta tal punto que en una leyenda se decía que, tras adoptar la forma de semental, había engendrado doce corceles con las yeguas de Erictonio, rey de los dárdanos, y que esos potros eran tan veloces como su padre y podían galopar sobre un trigal sin rozar las espigas. Plinio, el Viejo, en su Historia Natural, afirmaba que las yeguas podían engendrar potrillos con solo orientar sus ancas hacia el viento del norte.

Una leyenda afirmaba que Bóreas se habían enamorado de una princesa ateniense llamada Oritía e intentó seducirla, pero ella lo rechazó. Entonces el dios la raptó llevándosela en una ráfaga de viento a Tracia, donde engendró con ella dos hijos, Zetes y Calais, y dos hijas, Quione y Cleopatra. Desde entonces, los atenienses consideraban a Bóreas como un pariente político y, cuando Atenas se sintió amenazada por el rey persa, Jerjes, sus ciudadanos se encomendaron al dios, quien, según se decía, produjo los fuertes vientos que hundieron la flota persa.
Relatos posteriores narran que Bóreas era el padre de Butes y Licurgo tenidos con madres desconocidas y que también fue amante de la ninfa Pitis. 

BRIAREO
Era hijo de Urano y Gea y hermano de Coto y Giges. Se trataba de un Hecatónquiro, gigante de cien brazos y cincuenta cabezas, que, junto a sus hermanos fue relegado al Tártaro por Urano primero y por Cronos después, a quien habían ayudado a derrotar a aquél Permanecieron en el Tártaro hasta que fueron liberados por Zeus y lucharon junto a él en la Titanomaquia. Era un aliado incondicional de Zeus y cuando éste fue encadenado por Hera, Atenea y Poseidón con ánimo de derrocarlo, acudió a la llamada de Tetis liberando al rey de los dioses. Como compensación por sus servicios, se casó con Cimopolea, una de las hijas de Poseidón estableciéndose con ella en un palacio en el río Océano. Fue padre de las ninfas Oiolica y Etna.
 

BRITOMARTIS
Era una diosa cretense hija de Zeus y Carme protectora de pescadores y cazadores.
 

CABIRO
Era una ninfa hija de Proteo, que, con Hefesto, fue madre de los cabiros, divinidades menores que habitaban Samotracia.
 

CABIROS
Eran unas deidades menores que fueron adorados en un culto mistérico originario de la isla de Samotracia vinculado con Hesfesto.
Probablemente fueran de origen frigio y sus figuras se incorporaron posteriormente al panteón heleno. Se las consideraba como protectoras de la fertilidad y de los marineros y, generalmente, se hacía referencia a ellos como dos hombres que respondían a los nombres de Axiocerso, un anciano, y Cadmilo, hijo de aquél. No obstante, también se hablaba de una pareja femenina llamadas Axíero y Axiocersa. 

CAÍSTRO
Era el dios del río del mismo nombre cuyo curso discurre al sur de Esmirna (Turquía) y desemboca en el mar Egeo. Era venerado en Lydia, Asia Menor.
Algunos autores lo consideran hijo de Aquiles y de la amazona Pentesilea y padre de Éfeso, el fundador de la ciudad a la que puso su nombre, y de Semíramis.
 

CALÍOPE
Era la musa olímpica que inspiraba la poesía épica y la elocuencia. Se le representaba con las características de una mujer joven de aire majestuoso, llevando una corona dorada, emblema que indicaba su supremacía sobre el resto de las musas. Llevaba guirnaldas floridas como adorno y sostenía una trompeta en una mano y un poema épico en la otra.

Era hija de Zeus y Mnemósine y casó con Eagro con quien tuvo a Orfeo, Marsías y Lino, aunque alguna versión considera que el padre de Lino fue Apolo. Con uno de los oceánidas llamado Estrimón fue madre de Reso, un rey tracio que murió en la Guerra de Troya al día siguiente de su llegada al asedio.
Estrabón afirmaba que, con Zeus, fue madre de los Coribantes y algunas fuentes le atribuyen la maternidad de Himeneo, dios de los esponsales y del canto nupcial.
Calíope sentía una profunda admiración por Heracles, a quien enseñó a animar a sus amigos cantando en los banquetes. Cuando se produjo el enfrentamiento entre Afrodita y Perséfone al disputarse el amor de Adonis, Zeus, para evitarse el conflicto que podría producirse si él se inclinaba por una de sus hijas, encargó a Calíope el arbitraje para dirimir la cuestión. La resolvió dictaminando que Adonis pasara cuatro meses con Afrodita, cuatro con Perséfone y los cuatro restantes del año con quien él eligiera. Adonis se inclinó por Afrodita porque Perséfone era la diosa fría e insensible del Inframundo.
 

CALIPSO
Según Homero, era hija de Atlas y reinaba en la isla de Ogigia situada en las proximidades de la actual Ceuta. Otras versiones la hacen hija de Helios y Perseis y hermana de Circe, Egea, Parsifae y Eetes. Apolodoro la presentaba como una nereida, hija de Nereo y Doris y para Hesíodo era una oceánide hija de Océano y Tetis.

Cuando Odiseo, tras su naufragio, pudo llegar a la isla, Calipso lo hospedó en su cueva ofreciéndole toda clase de manjares y bebidas, así como su propio lecho. El rey de Ítaca permaneció en la isla durante siete años engendrando dos hijos con la anfitriona: Nausítoo, Nausínoo. Calipso pretendió que el héroe olvidara el pasado y permaneciera con ella ofreciéndole, a cambio, la inmortalidad y la juventud eterna. Sin embargo, el héroe troyano empezó a añorar a su esposa Penélope y, ante esta situación, Atenea pidió a Zeus que ordenase a Calipso liberar a Odiseo. Zeus accedió a la petición y envió a Hermes para que transmitiera a Calipso su deseo. Ésta no tuvo más remedio que obedecer y entregó a Odiseo materiales para construir una embarcación y víveres para continuar su viaje. Algunas leyendas cuentan que Calipso murió de pena. 

CALÍRROE
Era una oceánide hija de Océano y Tetis que casó con Manes, rey de Lidia, con el que tuvo a Car, Cotis, Atis y Acmón. Se decía que junto a Crisaor engendró a Gerión y Equidna, y con Poseidón fue madre de Minias, rey de Orcómeno.
 

CAOS
Se trataba de un espacio que representaba el estado primordial del cosmos que ha existido desde siempre. No contenía nada que pudiera describirse según el significado de su nombre en griego antiguo: ‘vacío que ocupa un hueco y que tiende a abrirse de par en par”. En la lengua indoeuropea se traducía como “aire”.
De él surgió Érebo, la oscuridad, y Nix, la noche.
 

CÁRITES
Generalmente, según la versión recogida por Hesíodo, eran consideradas hijas de Zeus y de la oceánide Eurinome, aunque algunas tradiciones les atribuían diversos ascendientes como Hera, Dioniso, Helios o la náyade Egle. Según Homero formaban parte del séquito de Afrodita e incluso se las relacionaba con el inframundo y los misterios eleusinos.

Era las diosas del encanto, la belleza, la naturaleza, la fertilidad y la creatividad humana y, habitualmente, eran tres: Talía, la fiesta, Eufrósine, el júbilo, y Aglaya, la belleza, pero no existía unanimidad al respecto pues cada región tenía sus propias tradiciones haciendo variar no sólo el número sino también los nombres. El río Cefiso, próximo a Delfos, les estaba consagrado.  

CARME
Era hija de Fénix y Casiopea y se trataba de una especie de divinidad menor cretense que ayudaba a Deméter en el proceso de crecimiento y maduración de las cosechas de cereales. Fue seducida por Zeus de quien alumbró a Britomartis.
 

CARONTE
Era hijo de Érebo y de Nix y ejercía como el barquero del Hades encargado de transportar las almas de los difuntos de una orilla a otra del río Aqueronte, o de la laguna Estigia, según versiones, mediante el pago de un óbolo, razón por la cual los cadáveres se enterraban con una moneda bajo la lengua. Aquellos que no podían pagar el pasaje debían vagar cien años por las riberas del río antes de que Caronte accediera a transportarlos sin cobrar.

Se le representaba como un anciano delgado y malhumorado con pobres ropajes oscuros y enmascarado que elegía a sus pasajeros entre la muchedumbre que se agrupaba en la orilla.
Sólo los difuntos podían subir a bordo de su barca, pero existieron algunas excepciones como Heracles, Orfeo, Eneas y Psique. 

CARPO
Según unas fuentes era la diosa de las frutas, hija de Céfiro y Cloris, quienes le habían conferido el poder de hacer madurar las frutas proporcionándoles el color y sabor específico a cada clase, Otras fuentes la presentan como una de las Horas de la primera generación que representaba el otoño.
 

CEBRÉN
Era el dios del río del mismo nombre que discurre cerca del monte Ida en Frigia. Su hija más conocida es la náyade Enone, la primera esposa de Paris, príncipe troyano.
 

CECIAS
Era el dios que controlaba el viento del Noreste que solía arrojar granizo. Se le representa como un hombre alado, viejo, con barba, completamente vestido de túnica y descalzo, sosteniendo en sus dos manos un recipiente lleno de granizo.
 

CECO
Era el dios del río del mismo nombre.
 

CÉFIRO
Era el dios que controlaba el suave y fructífero viento del Oeste que anunciaba la llegada de la primavera. Era hijo de Astreo y Eos y residía en una cueva situada en Tracia. Se le representa como un joven sin barba, semidesnudo, descalzo, con alas de mariposa y con un manto sostenido en sus manos del que se desprende una gran cantidad de flores.
Céfiro y Flora

Se le atribuían diferentes esposas. Una de ellas era Iris, la diosa del arco que lleva su nombre. Otra sería su también hermana Cloris a quien raptó y le otorgó el dominio sobre las flores. Con ella fue padre de Carpo, la fruta, Con otra de sus hermanas y amantes, la arpía Podarge, fue padre de Balio y Janto, los caballos de Aquiles.
Según cuenta un mito, Céfiro se enamoró de Jacinto, un hermoso príncipe espartano y lo cortejó teniendo como competidor a Apolo. Apolo fue el elegido y, cuando Céfiro los sorprendió practicando el lanzamiento de disco, enloqueció de celos y envió hacia ellos una ráfaga de viento haciendo que el disco golpeara a Jacinto en la cabeza matándolo. Entonces, Apolo, creo la planta que lleva el nombre de su amado con la sangre derramada por la herida.
También se contaba que, cuando Eros se enamoró de Psique, Céfiro le ayudó transportando a Psique hasta la morada del dios.  

CELENO
Era una de las siete pléyades hija de Atlas y de la oceánide Pléyone. Fue amante de Poseidón con quien tuvo a Lico y Euripilo. También se le atribuye otra unión con Prometeo engendrando a Lico, Quimereo y, según algunos autores, a Deucalión.
 

CENTAUROS
Constituían una raza de seres con cabeza y torso humanos y tronco de caballo. 
Se decían que eran hijos de Kentauros, a su vez hijo de Ixión y Néfele, y de las yeguas magnesias, aunque alguna versión los presentaba como hijos de Apolo y Hebe. Vivían en las montañas de Tesalia y fueron muy conocidos por la lucha que mantuvieron contra los lápitas motivada por haber raptado a Hipodamía y a las mujeres que asistían a su boda con Piritoo, rey lápita. Con la ayuda de Teseo, muy amigo de Piritoo, los centauros fueron derrotados.
Se consideraba a los centauros como seres salvajes sin sujeción a ley alguna y esclavos de las pasiones animales, aunque existían dos excepciones ya que tanto Folo como Quirón eran sabios y civilizados.  

CETO
Era hija de Gea y Ponto y tenía la figura de un monstruo marino de cuyo nombre se deriva la palabra cetáceo. Personificaba los peligros del mar y las criaturas extrañas que lo poblaban. Casó con su hermano Forcis engendrando unos hijos espantosos. Está representada como un pez con forma de serpiente.

Su progenie fue:
Equidna, las Gorgonas (Esteno, Auríale, Medusa), las Grayas (Dino, Enio, Pefredo), las Hespérides (Aretusa, Egle, Eritia, Hesperia), Ladón, las Sirenas.

CEO
Era el titán de la inteligencia y estaba dotado del poder profético que ejercía a través de las estrellas y que transmitió a su descendencia. Con su hermana Febe engendró a Leto y a Asteria.
 

CERCEIS
Era una oceánide hija de Océano y Tetis.
 

CÍCLOPES
Se conocen con este nombre a los miembros de una raza de gigantes caracterizada por tener un solo ojo en el centro de la frente que aparecían en infinidad de leyendas. Algunos autores defienden la existencia de dos generaciones de Cíclopes. La primera de ellas estaría formada por los hijos de Urano y Gea, mientras que la segunda correspondería a los seres nacidos de las gotas de sangre de Urano que cayeron sobre Gea cuando fue mutilado. Estos últimos son más conocidos como los gigantes.

Poseían una gran fuerza y estaban dotados de un fuerte temperamento que los hacía temibles, en parte, a causa de su testarudez. Eran buenos constructores y se distinguían en el arte de la forja y algunos eran citados como hábiles pastores.
Los hijos de Urano y Gea eran: Brontes, Estéropes y Arges, aunque también se cita la existencia de otros cuatro que, presumiblemente, fueron hijos de los anteriores. Respondían a los nombres de: Euríalo, Elatreo, Traquio y Halimedes.
Urano, por temor a su fuerza, los encerró en el Tártaro, de donde fueron liberados por Cronos, ayudándole, a cambio, a derrocar al regidor del universo. Sin embargo, Cronos, una vez conseguido el trono de su padre, los volvió a recluir en el Tártaro, donde permanecieron hasta que Zeus los liberó definitivamente. Agradecidos al dios del Olimpo, forjaron rayos para que los utilizara como arma y le ayudaron en su enfrentamiento contra Cronos en la Titanomaquia. Los rayos, que se convirtieron en el arma predilecta de Zeus, fueron forjados por los tres Cíclopes poniendo Arges el relámpago, Brontes el trueno, y Estéropes el rayo. Además de los rayos de Zeus crearon un tridente para Poseidón capaz de producir terremotos, el arco y las flechas de Artemisa y el casco de invisibilidad de Hades.
Como hábiles forjadores, ayudaban a Hefesto en su taller y se decía que el fuego de los volcanes y el ruido que producían eran producto de sus operaciones subterráneas. De entre los ayudantes de Hefesto, Piracmón, el yunque, Acamante, el infatigable, eran los más citados. También construían murallas y a ellos se les atribuyen las de Tirinto y Micenas, en el Peloponeso.
Una leyenda habla de que murieron a manos de Apolo como venganza porque uno de los rayos de Zeus, forjado por ellos, había matado a su hijo Asclepio. Sin embargo, al ser hijos de Urano y Gea se suponía que eran inmortales, por lo que, quizá, el mito se refiera a la muerte de sus hijos.
El cíclope más conocido de entre los que nacieron de las gotas de sangre de Urano era Polifemo, quien aparece en la Odisea tratando de capturar a Odiseo y a sus compañeros. También era conocido, aunque menos, el vidente Telemo. 

CIRCE
Era una hija de Helios y de la oceánide Perseis que se dedicaba a practicar la hechicería en su residencia de la isla de Eea. Transformaba a todos aquellos que incurrían en su ira o desprecio en animales utilizando pócimas que componía gracias a sus profundos conocimientos sobre medicina y herboristería.
Según cuenta Homero en la Odisea, su casa era una mansión de piedra que se alzaba en un calvero en mitad de un tupido bosque. Alrededor de ella podían hallarse a las víctimas de su magia transformados en leones y lobos.
Cuando Odiseo llegó a la isla, mandó desembarcar a la mitad de la tripulación, permaneciendo él y el resto en el barco. Circe invitó a los marineros a un banquete y, cuando se encontraban ahitos, los transformó en cerdos excepto a Euríloco quien, sospechando alguna traición, logró escapar avisando al resto de los tripulantes. Odiseo acudió a rescatar a sus hombres, pero en el camino fue interceptado por Hermes, quien le aconsejó proveerse de una hierba llamada moly, que sólo los dioses podían arrancar, para que le sirvieran de antídoto contra las malas artes de la maga. Debido a ello, Circe no pudo convertir a Odiseo en animal y él la obligó a devolver a sus hombres la forma humana.
Circe ofreciendo la copa a Odiseo

Circe terminó enamorándose del héroe troyano y lo sedujo para que, junto a sus compañeros, permaneciera en la isla. Hesíodo, en su Teogonía, cuenta que la maga y el héroe troyano tuvieron tres hijos llamados Agrio, Latino y Telégono. Este último, al parecer, llegó a gobernar a los etruscos. Cuando Odiseo sintió el deseo de volver a Ítaca, Circe lo ayudó sugiriéndole que visitara a Tiresias en el Inframundo para que él le indicara la mejor forma de volver a su patria.
Algunos poetas narran que cuando Telégono se hizo adulto, Circe lo envió en busca de su padre, pero al llegar a Ítaca, el joven mató accidentalmente a su progenitor, llevando a continuación el cuerpo sin vida a la isla Eea acompañado de la viuda, Penélope, y del huérfano, Telémaco. La maga los hizo inmortales y se casó con Telémaco mientras Penélope lo hacía con Telégono. Otros, en cambio, dicen que los dioses negaron la inmortalidad a la maga a causa de sus maldades y que murió a manos de Telémaco.
Xenágoras, historiador griego, afirmaba que Odiseo y Circe tuvieron tres hijos llamados Romo, Antias y Árdeas, que fueron los fundadores de Roma, Anzio y Ardea respectivamente.
También se le atribuye a Circe la purificación de Medea, Jasón y los argonautas por la muerte de Apsiro, así como haber transformado a la bella Escila en un monstruo celosa porque su amado Glauco estaba enamorado de la ninfa.  

CLADEO
Era el dios del río del mismo nombre que discurría por el Peloponeso.
 

CLEONE
Una hija del dios río Asopo y Metope
 

CLÍMENE
Oceánide que era la esposa de Merote, rey de Etiopía, con quien tuvo a Pandáreo. Clímene fue seducida por Helios, quien la hizo madre de Faetón y de las Helíadas, aunque algunos autores piensan que la madre de éstos era la ninfa Rodo. Otra versión hace de Clímene la esposa legítima de Helios.
 

CLÍO
Era la musa de la historia y de la poesía heroica. Era hija de Zeus y Mnemósine y casó con Piero, rey de Macedonia, con quien tuvo un hijo llamado Jacinto. Alguna fuente le atribuye la maternidad de Himeneo.

Aparecía representada como una joven con una corona de laurel y portando una trompeta en la mano derecha y un libro en la izquierda. A veces posaba sobre un globo terráqueo y junto a él aparecía una representación del tiempo como justificante de que la Historia abarca todos los lugares y épocas. También solía aparecer con una guitarra en una mano y un plectro en la otra justificando así el que se la considerara como la creadora de la guitarra. Más tarde aparecía llevando en su mano izquierda un rollo de papiro y teniendo a sus pies una caja para guardar los rollos.  

CLITIA
Era una oceánide hija de Océano y Tetis.
 

CLOTO
Era la más joven de las Moiras hijas de Zeus y Temis, que presidían el destino del hombre, pero una de las diosas griegas más antiguas. Su posición era la primera de los Tres Destinos, pues era Cloto quien hilaba las hebras de la vida con su rueca.
Cloto vestida de rojo en El triunfo de la muerte o Las tres moiras.

Se creía que era la hija de Nix (la Noche) o de Temis, para indicar la oscuridad del destino humano. Su equivalente en la mitología romana era Nona.
También tomaba decisiones importantes, como cuándo nacía una persona, controlando por tanto las vidas de las personas. Este poder le permitía no sólo elegir quién nacía sino también decidir cuándo los dioses y los mortales debían salvarse o morir. Por ejemplo, cuando Pélope fue asesinado y cocido por su padre, fue Cloto quien le resucitó.
Como una de los tres hados, su contribución a la mitología fue inmensa. Cloto, junto con sus hermanas y Hermes, recibió el crédito de crear el alfabeto para su gente. Aunque Cloto y sus hermanas eran diosas reales, su representación del destino está más enfocada sobre la mitología griega. Las hebras representan la vida humana y sus decisiones representan el destino de todas las personas en la sociedad. 

CORO
Era el dios que controlaba el viento frío y seco del Noroeste por lo que se le asociaba con el comienzo del invierno. Se le representa como un anciano alado, barbudo, con el cabello desordenado, completamente vestido en túnica, y calzando coturnos, llevando entre sus brazos una vasija de bronce de la cual esparce ardientes cenizas.
 

CRATAIS
Era el dios del río del mismo nombre.
 

CRATOS
Era hijo de Palas y de Estigia y se le consideraba como la personificación masculina de la fuerza y del poder. Como compensación por la ayuda que le había prestado su madre durante la Titanomaquia, Zeus le concedió el honor de pertenecer a su séquito junto a su hermano Zelo y sus hermanas Bía y Niké.

Participó en la lucha de los dioses contra los gigantes, y ayudó a Hefesto y a Bía a encadenar a Prometeo como castigo por haber robado el fuego de los dioses para entregárselo a los humanos.

CREMETES
Era el dios del río del mismo nombre.

CREÚSA
Era una náyade hija de Océano y Gea siendo sacerdotisa de su madre. Se casó con el dios río Peneo con quien tuvo a Hipseo, rey de los lapitas, y Estilbeo. 

CRINISO
Era el dios del río del mismo nombre que discurría por Sicilia.

CRÍO
Era el titán de los rebaños, esposo de Euribia, hija de Ponto, con quien tuvo tres hijos: Palas, Astreo y Perses.
Astreo, padre de los vientos, Bóreas, del norte, Céfiro del oeste, el Noto y Euro y también de las estrellas de la mañana, Eósforo, y de la tarde, Hesperis así como del resto de las estrellas, quienes tuvo junto a Eos.
Palas se unió a la mayor de las oceánide, Estigia, laguna del infierno, y tuvo a Bía, la violencia, Crates, el poder, Nice, la victoria y a Zelo, la emulación.
Perses fue el más sabio de los hermanos y junto a Asteria concibió a Hécate, diosa de los terrores nocturnos. 

CRISEIDA
Era una oceánide hija de Océano y Tetis
.  

CRISPIDA
Era una oceánide hija de Océano y Tetis.
 

CRONOS
Crono envidiaba el poder de su padre y gobernante del universo, Urano. Éste se había ganado la enemistad de Gea, madre de Crono y los demás Titanes, cuando escondió a sus hijos gigantes menores, los Cíclopes de un solo ojo y los Hecatónquiros de cien brazos, en el Tártaro para que no vieran la luz. Gea creó una gran hoz de pedernal y reunió a Crono y sus hermanos para convencerlos de que matasen a Urano. Solo Crono estuvo dispuesto a cumplir su voluntad, así que Gea le dio la hoz y le hizo tender una emboscada. Cuando Urano se encontró con Gea, Crono lo atacó con la hoz y lo castró. De la sangre (o, según algunas pocas fuentes, del semen) que salpicó en la Tierra surgieron los Gigantes, las Erinias y las Melias. Crono arrojó al mar la hoz y los genitales amputados de Urano. A su alrededor surgió del miembro una espuma de la que emergió Afrodita.
 

Accedió al trono divino junto a su hermana Rea como principales entre los dioses. La época de su gobierno se denominó la edad dorada porque no eran necesarias las leyes ya que todo el mundo se comportaba honestamente y la inmoralidad era desconocida.
Esta era se caracterizó por la abundancia, lo que motivó que fuera venerado como dios de las cosechas y protector de la agricultura, la naturaleza y el tiempo. Se le solía representar con una hoz de pedernal, que utilizaba para la siega y que también fue el arma que le permitió castrar a su padre. En Atenas, se celebraba una fiesta en su honor el duodécimo día de cada mes.
Tras derrotar a Urano, Cronos volvió a encerrar en el Tártaro a los Hecatonquiros y los Cíclopes, a quienes temía, y los dejó bajo la custodia de la monstruosa carcelera Campe. Por medio de un augurio, Cronos supo que estaba destinado a ser derrocado por uno de sus propios hijos y, por ello, según iban naciendo los hijos engendrados con Rea, Deméter, Hera, Hades, Hestia y Poseidón, se los iba tragando. 
Crono devorando a su hijo 

Cuando iba a nacer su sexto hijo, Zeus, Rea pidió a Gea que urdiese un plan para salvarlo y que Cronos tuviese el justo castigo que merecieran sus actos contra su padre y sus propios hijos. Rea dio a luz en secreto a Zeus en la isla de Creta y entregó a Cronos una piedra envuelta en pañales que éste tragó creyendo que era su hijo.

Rea mantuvo oculto a Zeus en una cueva del monte Ida, en Creta, alimentado por la cabra Amaltea hasta que se hizo mayor y estuvo en condiciones de hacer cumplir la profecía sobre Cronos. 
Cuando hubo crecido, Zeus usó un veneno que le dio Gea para obligar a Crono a regurgitar el contenido de su estómago en orden inverso: primero la piedra, que se la dejó a Pitón bajo las cañadas del Parnaso como señal a los hombres mortales, y después al resto de sus hermanos.
En algunas versiones, Metis le daba a Crono un emético para obligarlo a vomitar los niños, y en otras Zeus abría el estómago de Crono. Tras liberar a sus hermanos, Zeus liberó del Tártaro a los Hecatónquiros y los Cíclopes, quienes forjaron para él sus rayos, el tridente para Poseidón y el casco de oscuridad para Hades. En una gran guerra llamada la Titanomaquia, Zeus y sus hermanos y hermanas derrocaron con la ayuda de los Hecatónquiros y los Cíclopes a Crono y a los otros Titanes. Tras esto, muchos de ellos fueron encerrados en el Tártaro, si bien otros no (como Rea, Metis, Epimeteo, Menecio, Hécate, Océano y Prometeo entre otros cuantos). Gea engendró al monstruo Tifón para vengar a los encarcelados Titanes, pero Zeus terminaría venciéndolo.
Los relatos sobre el destino de Crono tras la Titanomaquia difieren. En la tradición homérica y hesiódica, fue encarcelado con los demás Titanes en el Tártaro. En los poemas órficos, fue encerrado por toda la eternidad en la cueva de Nix. Una interpolación en Trabajos y días indica que Crono fue luego liberado por voluntad de Zeus, y que desde entonces fue rey de las islas de los Bienaventurados. Píndaro muestra la influencia de esta versión en algunos versos. También describe su liberación del Tártaro, siendo entonces coronado rey del Elíseo por Zeus. 

DAFNE
Era una ninfa hija del dios río Peneo y de Creúsa y sacerdotisa de Gea.
Eros, dolido con Apolo porque había bromeado con su habilidad como arquero, tomó dos flechas, una de oro y otra de plomo. La de oro incitaba el amor, la de plomo incitaba el odio. Con la flecha de plomo disparó a la ninfa Dafne y con la de oro disparó a Apolo en el corazón. Apolo se inflamó de pasión por Dafne y en cambio ella lo aborreció. En el pasado Dafne había rechazado a muchos amantes potenciales y a cambio había demostrado preferencia por la caza y por explorar los bosques. Su padre Peneo le pidió que contrajera matrimonio para que así le diese nietos. Sin embargo, rogó a su padre que la dejase soltera, como la hermana gemela de Apolo, Artemisa. A pesar de esto, Peneo le advirtió que era demasiado hermosa como para mantener por siempre lejos a todos sus pretendientes.
Apolo continuamente la persiguió, rogándole que se quedara con él, pero la ninfa siguió huyendo hasta que los dioses intervinieron y ayudaron a que Apolo la alcanzara. En vista de que Apolo la atraparía, Dafne invocó a su padre. De repente, su piel se convirtió en corteza de árbol, su cabello en hojas y sus brazos en ramas. Dejó de correr ya que sus pies se enraizaron en la tierra. Apolo abrazó las ramas, pero incluso éstas se redujeron y contrajeron. Como ya no la podía tomar como esposa, le prometió que la amaría eternamente como su árbol y que sus ramas coronarían las cabezas de los héroes. Apolo empleó sus poderes de eterna juventud e inmortalidad para que siempre estuviera verde. 

DEIMOS
Era hijo de Ares y Afrodita y personificaba el terror. 
Acompañaba a su padre Ares a la batalla junto con su hermano Fobos (“Pánico”) y la diosa Enio, siendo los dos hermanos los ayudantes de Ares y cumpliendo con las órdenes que se les mandaba.
Deimos y otros terribles daimones acompañaron a la erinia Tisífone en su afán de volver loco a Atamante, el marido de Ino.
El equivalente en la mitología romana de Deimos era Fuga, llamado también Metus, Formido, Temor o Pavor. 

DEMÉTER
Era una diosa madre patrona de la agricultura y protectora del matrimonio y de la ley sagrada. Aparece como diosa olímpica, pero el himno de Homero en su honor sugiere que su culto era muy anterior a la generación olímpica. Asimismo en la pequeña ciudad de Eleusis, próxima a Atenas, se celebraban anualmente los ritos de iniciación del culto a las diosas de la agricultura, los misterios eleusinos, en los que ella y su hija Perséfone eran las protagonistas. Estos ritos también precedieron al panteón olímpico.
Deméter se relaciona también con la diosa egipcia Isis, la fenicia Astarté y la mesopotámica Ishtar.
En su genealogía figura como hija de Crono y Rea y hermana mayor de Zeus y, según Isócrates, el retórico ateniense, los mayores dones que Deméter daba a los atenienses eran el grano, que hacía al hombre diferente de los animales salvajes, y las celebraciones eleusinas, que le daban mayores esperanzas en la vida actual y en la futura.
Deméter enseñó a la humanidad la agricultura por lo que era muy popular entre los campesinos como receptores directos de su ayuda. Su figura era fundamental en la religión griega.
Normalmente se representaba a Deméter subida a un carro y, generalmente se asociaba a imágenes de la cosecha como flores, fruta y grano. 

Existen numerosas leyendas sobre esta diosa madre, pero entre ellas destacan:

Deméter y Poseidón.
En cierta ocasión, Deméter atrajo la atención de Poseidón quien quiso seducirla. 
Ella se resistió escondiéndose en forma de yegua entre los caballos del rey Oncos. No obstante, Poseidón la descubrió y transformándose en semental la poseyó. Deméter se sintió furiosa y para calmarse se sumergió en el río Ladón, pero no pudo evitar el embarazo dando a luz un corcel de negras crines llamado Arión y una hija llamada Despoina, cuyo nombre sólo podía ser pronunciado en los ritos eleusinos. 

Los misterios eleusinos
Perséfone, hija de Zeus y Deméter, se encontraba jugando con algunas ninfas cuando Hades, el dios del inframundo, la raptó llevándola con él hasta su morada. Cuando Deméter fue informada del rapto, castigó a las compañeras de juegos de su hija transformándolas en sirenas por no haber evitado el suceso.
La tristeza de Deméter, diosa de la fertilidad, hizo que la vida se paralizara en la tierra mientras ella buscaba a su hija. Zeus decidió intervenir para acabar con la agonía de la tierra y envió a Hermes a rescatar a Perséfone obligando a Hades a entregarla. No obstante, antes de liberarla, Hades hizo que comiese seis semillas de granada, lo que la obligaba a volver durante seis meses cada año. Los seis meses que madre e hija pasaban juntas, la tierra florecía y se llenaba de vegetación, pero cuando Perséfone regresaba al inframundo, la tierra permanecía estéril.
Deméter y Perséfone (Coré) celebrando los misterios eleusinos cuando la primera entrega a Triptólemo gavillas de trigo para que enseñe la agricultura a la humanidad. 

La primera parte de los misterios era pública y consistía en una procesión que partía de Atenas y terminaba en el templo de Deméter en Eleusis. Una vez allí, los iniciados eran sometidos a una jornada de ayuno, que era roto con la ingesta de una bebida especial, el ciceón, compuesta de cebada y poleo. Tras esta purificación, los iniciados penetraban en el recinto más importante del templo, el Telesterion, lugar donde se realizaban los ritos más importantes de los misterios, todos los cuales tenían un carácter secreto. Dado que los iniciados tenían prohibido revelar qué ocurría en el interior del Telesterion, los autores antiguos no ofrecen apenas datos acerca de esta parte del ritual, generándose un vacío en nuestro conocimiento que ha dado lugar a numerosas hipótesis modernas. 
Los misterios concluían con un banquete que se prolongaba toda la noche, en el que se incluían cantos, danzas y el sacrificio de un toro para la posterior ingesta de su carne cocinada.
Según algunos autores, los misterios de Eleusis pueden remontarse hasta época micénica, a mediados del segundo milenio. Durante las épocas clásica y arcaica, los misterios de Eleusis alcanzaron gran celebridad en todo el mundo griego, atrayendo iniciados incluso desde las lejanas colonias de Occidente. La conquista romana no supuso el final de la celebración de estos ritos, pues los nuevos dominadores de la Hélade a menudo participaron como iniciados en los misterios e incluso favorecieron la erección de nuevos monumentos y templos en el complejo sagrado de Eleusis. Fue la imposición del cristianismo lo que supuso el final de la historia de los misterios en honor de la diosa Deméter en Eleusis. Por un decreto del emperador Teodosio, todos los santuarios paganos fueron cerrados en el año 392 d.C. Sin embargo, es posible que los misterios perduraran al menos unos años más, hasta que el caudillo visigodo Alarico arrasó las tierras del Ática e impuso el cristianismo arriano como única creencia tolerada en esta región. 

La enseñanza de la agricultura
Deméter adoptó la forma de una anciana llamada Doso y buscando a su hija llegó a Eleusis, donde su rey Céleo, la recibió hospitalariamente. Como regalo por la hospitalidad del monarca, Deméter planeó convertir a uno de sus hijos, Demofonte, en un dios ungiéndolo con ambrosía, respirando suavemente sobre él mientras lo sostenía entre sus brazos y haciéndole adquirir la inmortalidad al quemarlo todas las noches sobre carbones al rojo vivo en la chimenea del hogar.
El ritual no pudo completarse porque la madre, que ignoraba el proceso, sorprendió una noche a su hijo en el fuego y chilló asustada. Deméter se enfureció lamentando la estupidez de los mortales que no comprendían la importancia del ritual. En lugar de hacer inmortal a Demofonte, Deméter decidió enseñar a Triptolemo, el otro hijo, el arte de la agricultura y, a través de él, el resto de la humanidad aprendió a cultivar. Más tarde, Triptólemo enseñó a Linco, rey de Escitia, las artes de la agricultura, pero éste rehusó enseñarlas a sus súbditos, y trató de matar a Triptólemo. Deméter, como castigo, lo transformó en un lince. 

DESPOINA, Despena
Era hija de Poseidón y Deméter y hermana del caballo alado Arión. Recibía culto como diosa de los cultos mistéricos y formaba parte, junto a su madre, de los misterios eleusinos. Su nombre verdadero no podía ser revelado a nadie que no estuviera iniciado en sus misterios por lo que se desconoce. Su nombre significaba “señora” y se interpretaba como “señora de la casa”.
El mito de su nacimiento cuenta como Poseidón quiso seducir a su hermana Deméter, pero ésta, muy preocupada por la desaparición de su hija Perséfone, lo rechazó y, ante la insistencia de él, se transformó en yegua ocultándose entre el rebaño del rey Oncio de Telpusia (Arcadia). Sin embargo, Poseidón la descubrió y metamorfoseándose en caballo la violó dejándola embarazada de Arión y Despoina.
DIAPREPÉS
Era uno de los hijos de Poseidón y Clito que formaron la generación de los atlantes.
 
DICE (DIKÉ)
Era una de las tres Horas de segunda generación a quien Hesíodo hacía hija de Zeus y Temis y la consideraba como la personificación de la justicia humana, que ella aplicaba de la misma forma que su madre lo hacía con la divina. Dice había nacido mortal y Zeus la situó en la Tierra para mantener la justicia entre la humanidad, pero pronto la ascendió junto a él en el Olimpo.
Vigilaba actos de los humanos y presentaba las oportunas denuncias ante Zeus cuando algún juez cometía una injusticia. Era enemiga de toda falsedad y protegía la correcta administración de la justicia. 
En las tragedias, Dice aparece como una divinidad que castiga severamente toda injusticia, vela por el mantenimiento de la justicia y penetra en los corazones de los injustos con la espada hecha para ella por Aisa. En este papel está estrechamente relacionada con las Erinias, aunque su cometido no es solo castigar la injusticia sino también recompensar la virtud. La idea de Dice como personificación de la justicia se desarrolla con mayor perfección en los dramas de Sófocles y Eurípides. Fue representada sobre el cofre de Cípselo como una hermosa diosa, tirando de Adicia (la injusticia) con una mano mientras con la otra sujetaba la vara con la que la golpeaba. 
Con frecuencia es confundida con Astrea, también hija de Zeus y Temis, y anterior diosa de la justicia
Se la unió amorosamente con el dios Dikastis, y de tales uniones nacerían Homonoeia (la concordia), Diceosina (la rectitud) y Areté (la virtud). Según Píndaro también era hija suya Hesykhia (la quietud, el descanso).
Uno de sus epítetos era Astrea (Dike Astrea, que no Astrea), refiriéndose a que tomaba como apariencia la constelación de Virgo. De acuerdo con lo que relata Arato acerca del origen de esta constelación, Dike vivió sobre la tierra durante la Edad de oro y la Edad de Plata clásicas, cuando no había guerras o enfermedades, los hombres todavía no sabían cómo navegar, y levantaban finas cosechas sin esfuerzo. Con el tiempo, los humanos se volvieron codiciosos, y Dike enfermó al contemplarlo. 
DIONE
Era una diosa cuya presencia en la mitología quedaba un tanto imprecisa ya que cada autor la presentaba de una forma distinta según sus fuentes. Así, Homero, en la Ilíada, dejaba entrever que era madre de Afrodita al describir cómo ambas caminan juntas tras ser herida la diosa del amor mientras protegía a su hijo Eneas. Es este caso podría identificarse con Rea, la madre de los dioses, a quien Homero situaba en el Olimpo. En el oráculo de Zeus, en Dódona, aparecían varias inscripciones según las cuales se representaba a Dione como la primera esposa de Zeus. Según Hesíodo, era una oceánide, Apolodoro la presentaba como una titánide e Higinio hablaba de ella como una pléyade hija de Atlas y, unida a Tántalo, madre de Pélope, Níobe y Broteas.
Aunque Dione no era una Titánide según Hesíodo, pues aparece en su Teogonía entre la larga lista de oceánides, en la Biblioteca mitológica del Pseudo-Apolodoro sí se la considera como tal. 
Dione era una diosa de la primera generación divina, hija de Urano y Gea, hermana de Tetis, Rea, Temis y otros Titanes, y en algunas tradiciones es hija de Atlante o de alguna de las Oceánides. Una de las tradiciones dice que Dione tuvo con Zeus a Afrodita. En la Ilíada, Dione cura a su hija Afrodita, herida por Diomedes.
Dione es una diosa de la tierra y consorte de Zeus, y su nombre no es más que el femenino del suyo (en griego Zeus se declina en una de sus formas Dios y de ésta forma proviene nuestra palabra para designar a la entidad divina, que en griego era Teos). 
DIONISO
Se sabe con certeza que Dioniso era hijo de Zeus, pero se desconoce con exactitud cuál fue la identidad de la madre, ya que existen, al menos, dos versiones relativas a su nacimiento. Una de las leyendas dice que nació de Sémele, una hija mortal del rey Cadmo de Tebas, y cuando Hera, la esposa de Zeus, descubrió la aventura de su marido al quedar Sémele encinta, los celos la impulsaron hacia la venganza. Se disfrazó de anciana y entabló amistad con la futura madre, quien le confesó el nombre del progenitor del fruto que llevaba en sus entrañas. Hera fingió no creerla e introdujo la duda en la mente de la embarazada, quien, curiosa, pidió a su amante que mostrara el esplendor de su divinidad. Zeus le rogó que no le hiciera esa petición, pero ella insistió y él, al fin, accedió presentándose ante su amada con todo el poder de sus rayos que le provocaron la muerte al quedar carbonizada. El dios del Olimpo logró rescatar el feto que Sémele llevaba en su vientre y, para que sobreviviera, lo implantó en su propio muslo. Un tiempo después, se dirigió a la isla Icaria y allí, en el monte Pramnos, liberó de su atadura a un Dioniso ya crecido.

En otra versión, Dioniso era el hijo de Zeus y Perséfone, la reina del Inframundo y Hera, celosa, intentó matar al niño enviando a los Titanes para descuartizarlo, pero Zeus hizo huir a los atacantes con sus rayos, aunque éstos ya habían devorado el cuerpo del pequeño excepto el corazón. Entonces, el padre de los dioses, implantó el órgano a modo de simiente de la vida en el vientre de Sémele consiguiendo que volviera a nacer. 
Cuenta la leyenda cómo Zeus pidió a Hermes que se ocupara de Dioniso y que el heraldo de los dioses lo confió al rey Atamante y a su esposa Ino, pidiéndoles que lo criasen como si fuera una niña para salvarlo de la ira de Hera, mas no pudo escapar de la cólera de la diosa, quien hizo enloquecer a sus tutores y obligó a Dioniso a huir a lugares lejanos donde fue educado por las ninfas de la lluvia de Nisa, en Etiopía. Éstas lo alimentaron y le confirieron la inmortalidad por orden de Hermes, a cambio de lo cual, fueron recompensadas por Zeus ascendiendo al cielo como las estrellas Híades.
Cuando Dioniso alcanzó la edad adulta, descubrió la forma de cultivar la vid y cómo extraer el jugo de su fruto. Recorrió Egipto, Siria y Frigia donde la diosa Cibeles, conocida por los griegos como Rea, le enseñó sus ritos religiosos, emprendiendo, a continuación, una peregrinación por Asia para enseñar a sus habitantes el cultivo de la vid, la extracción de su jugo y su posterior transformación en vino. 
Dioniso era un dios al que se le rendía culto mediante ritos mistéricos, semejantes a los que se ofrecían a Deméter y Perséfone en Eleusis. Las dos versiones del mito de su nacimiento se refieren a la muerte, y posterior resurrección, del dios como los sucesos místicos esenciales sobre los que se fundamentaban los ritos del culto en las religiones mistéricas. 
Era el dios del vino e inspirador de la desinhibición que producían las ceremonias en su honor. También era conocido como el libertador ya que libraba a los humanos de la coraza que imponían las normas del buen comportamiento, haciendo que se mostrara la genuina personalidad de cada uno. Conseguía que se alcanzara el éxtasis mezclando los efectos de la ingesta de vino con los que producía la música del aulós, un doble óboe.
Dioniso era portador de una piel de zorro, simbolizando la viña y la fauna. 
También el toro, la serpiente, la hiedra y el vino constituían otros símbolos representativos de un Dioniso que estaba estrechamente relacionado con los sátiros, centauros y silenos. La figura del dios aparecía en muchas cráteras y otras vasijas para vino de la antigua Grecia y, en las representaciones artísticas, a menudo aparece montado en un leopardo, llevando una piel del mismo animal, o bien, sobre un carro tirado por panteras. También puede ser reconocido por su tirso, vara enramada cubierta de hojas de hiedra y parra y coronada por una piña.
Además de la parra y la hiedra venenosa, también la higuera era un símbolo suyo y le estaba consagrada. La piña que coronaba su tirso le relacionaba con Cibeles, y la granada con Deméter. En Atenas se celebraban en su honor las festividades llamadas Dionisias y su séquito estaba formado por las ménades, divinidades femeninas poseídas por el dios, a quienes había inspirado una locura mística. Se suponía que las primeras ménades habían sido las ninfas que lo criaron.
Los misterios dionisíacos eran los más conocidos en todo el orbe heleno y, más tarde, se extendió su conocimiento a Roma donde se celebraban las famosas bacanales hasta que fueron prohibidas por el desenfreno que producían.
Del mismo modo que los ritos dionisíacos fueron adoptados, con más o menos variantes, por otras culturas, resulta muy posible que sus misterios influyeran decisivamente en la doctrina filosófica y religiosa del gnosticismo, que, durante los primeros siglos de existencia de la Iglesia católica, mezclaba creencias cristianas con otras judaicas y orientales. 

Leyendas
Midas
En cierta ocasión, Sileno, padre adoptivo y profesor de Dioniso, estuvo bebiendo hasta alcanzar la embriaguez y, al marcharse, se encontró con unos campesinos que lo llevaron ante el rey Midas. El rey lo trató hospitalariamente y Sileno, en correspondencia lo distrajo durante diez días contando historias y entonando canciones. Al undécimo día Midas llevó a Sileno con Dioniso y éste ofreció al rey que eligiera la recompensa que deseara. Midas pidió que todo lo que tocase se transformara en oro. Dioniso accedió, aunque lamentó que no hubiese hecho una elección mejor. Midas se regocijó en su nuevo poder, que se apresuró en poner a prueba, tocando y convirtiendo en oro una rama de roble y una piedra. 
Deleitado, tan pronto como llegó a casa, ordenó a los sirvientes que dispusieran un festín en la mesa. Entonces reparó en que todos los manjares que tocaba se transformaban en oro.
Midas ante Baco de Poussin

Midas quiso desprender del don que había deseado e imploró a Dioniso que lo librara de él. El dios accedió ordenándole que se bañara en el río Pactolo. El monarca así lo hizo, y cuando tocó las aguas el poder pasó a éstas, y las arenas del río se convirtieron en oro con lo que quedaba explicado el porqué las arenas del río eran ricas en ese mineral.
Penteo
Eurípides, en su obra “Las bacantes”, narra cómo Dioniso quiso volver a Tebas para instituir su propio culto, pero su primo, el rey tebano Penteo, y sus tías Ágave, Ino y Autónoe, negaron su divinidad y no lo adoraron provocando la cólera del dios, que se vengó haciendo enloquecer lentamente a Penteo, quien se vio impelido a visitar los bosques del monte Citerón, donde las ménades, adoradoras de Dioniso, experimentaban el éxtasis. Cuando las mujeres descubrieron a Penteo, lo descuartizaron y su cabeza fue cortada por su madre Ágave sin atender a las súplicas por su vida.
 

Licurgo
Cuando Licurgo, rey de Tracia, supo que Dioniso había llegado a su reino dispuesto a instaurar su culto, aprisionó a todas sus seguidoras e hizo huir al dios por temor a los desórdenes que se derivaban de los ritos en su honor. Tras su huida, Dioniso envió a Tracia una sequía tal que la tierra quedó baldía, al tiempo que volvió loco al rey, quien con un hacha descuartizó a su propio hijo creyendo que era un brote de hiedra, planta consagrada al dios. Se consultó a un oráculo según el cual la tierra permanecería seca e improductiva mientras Licurgo viviera. El pueblo se sublevó matando y descuartizando al rey tras lo cual, Dioniso levantó la maldición.
 

Viaje a Naxos
Dioniso quiso navegar hasta Naxos para lo que alquiló un barco. La tripulación estaba compuesta por piratas y pusieron rumbo a Asia para venderlo como esclavo. El dios, al percatarse de las intenciones de los marineros, transformó el mástil y los remos en serpientes e hizo que la nave se llenara de hiedra al tiempo que se escuchaba un estridente sonido de flauta. La tripulación, aterrorizada, se arrojó al mar donde fueron transformados en delfines.
Prosimno
Dioniso quiso rescatar a su madre Sémele del Hades y colocarla entre las estrellas para lo que descendió al inframundo a través de un pozo sin fondo situado en la costa de la Argólida. Llevó como guía a Prosimno, quien, a cambio de su trabajo, pidió como recompensa ser su amante. Prosimno murió antes de que Dioniso pudiese acceder a esta petición, así que para satisfacer a su espíritu, el dios fabricó un falo con una rama de olivo y lo clavó en la tumba de Prosimno.


Ámpelo
Era un sátiro que murió en un accidente al montar un toro enloquecido por la picadura del tábano. Las Moiras permitieron a Ámpelo reencarnarse en forma de parra, de la que Dioniso obtuvo el primer vino.
 

Otras leyendas
Cuando Hefesto apresó a Hera en un trono de oro mágico, Dioniso lo emborrachó y lo llevó de vuelta al Olimpo, donde finalmente accedió a liberar a la diosa.
Cuando Hestia, diosa del hogar, decidió dejar el Consejo de los Doce y atender el fuego de las casas de las familias, Zeus eligió a Dioniso para ocupar su lugar en el Olimpo como dios inmortal del vino, el jolgorio y las fiestas.
Calírroe era una mujer calidonia que rechazó a un sacerdote de Dioniso, quien amenazó con provocar la locura a todas las mujeres del país. El sacerdote recibió la orden de sacrificar a Calírroe, pero no pudo hacerlo y se suicidó. Calírroe se arrojó a un pozo que, más tarde, recibió su nombre. 
Consortes y descendencia
Afrodita: Cárites, Himeneo y Príapo
Altea: Deyanira
Ariadna: Enopión, Toante, Estáfilo y Pepareto
Circe: Como
Nix: Ftono
Madre desconocida: Acis 

DYSIS
Era una de las doce Horas que, como divinidades menores, controlaban el tiempo del día comprendido entre antes del amanecer hasta después del anochecer. Personificaba el ocaso.
 

EGEO
Era el dios del río del mismo nombre.
 

EGEO
Era una oceánida hijo de Océano y Tetis y dios del río del mismo nombre. Fue padre de la ninfa Mélite con quien Heracles tuvo un hijo llamado Hilo.

EGIALE
Era una helíade hija de Helios y de la oceánide Clímene. Cuando su hermano Faetón, al intentar conducir el carro de su padre a través del cielo, no pudo dominar los caballos y se precipitó al vacío ahogándose en el río Erídamo, las helíades lloraron desconsoladas durante mucho tiempo y los dioses, apiadándose de ellas, las transformaron en álamos que poblaron las orillas del río donde pereció su hermano. Sus lágrimas, convertidas en ámbar, cayeron al cauce.
 

EGIPÁN
Era hermano de leche de Zeus o, quizá, hijo del dios con una ninfa llamada Aix. 
Durante la Tifonomaquia, Tifón derribó a Zeus cortándole los tendones de los brazos y piernas con lo que la deidad quedó inútil. Entonces Egipán, acompañado por Hermes, localizó a la serpiente Delfine, a quien Tifón había confiado la custodia de los tendones divinos, y se los arrebató para reimplantárselos a Zeus. Entonces éste pudo perseguir a su enemigo y vencerlo sepultándolo bajo el monte Etna. Zeus, en agradecimiento por su ayuda para conseguir el máximo poder en el Olimpo, inmortalizó a Egipán en el cielo representándolo con la forma de la constelación Capricornio. 

EGLE
Era una de las náyades, hija de Zeus y Neera, que con Helios fue madre de las Cárites.
 

EGLE
Era una helíade hija de Helios y de la oceánide Clímene. Cuando su hermano Faetón, al intentar conducir el carro de su padre a través del cielo, no pudo dominar los caballos y se precipitó al vacío ahogándose en el río Erídamo, las helíades lloraron desconsoladas durante mucho tiempo y los dioses, apiadándose de ellas, las transformaron en álamos que poblaron las orillas del río donde pereció su hermano. Sus lágrimas, convertidas en ámbar, cayeron al cauce.
 

EIRENE
Era una de las tres Horas de segunda generación a quien Hesíodo hacía hija de Zeus y Temis y la consideraba como la personificación de la paz y la riqueza, representándose como una bella joven coronada de flores y portando una cornucopia, o cuerno de la abundancia, en una mano y un ramo de olivo en la otra.
 

ELASIPO
Era uno de los hijos de Poseidón y Clito que formaron la generación de los atlantes.
 

ELECTRA
Era una de las siete pléyades, hija de Atlas y de Pléyone, que con Zeus fue madre de Dárdano, Ematión, Yasión y Harmonía. Dio su nombre a una estrella de las Pléyades. Dárdano fue el fundador de la estirpe troyana, mientras que Yasión se unió a Deméter engendrando a Pluto.
Algunos mitos también dicen que la estrella que no brilla es Electra, en señal de luto por la muerte de Dárdano, aunque otras pocas versiones dicen que se trata de Estérope.

ELECTRA
Era una oceánide hija de Océano y Tetis que casó con Taumante y tuvo a Iris y las Arpías.
 

ELETE
Era una de las doce Horas que, como divinidades menores, controlaban el tiempo del día comprendido entre antes del amanecer hasta después del anochecer. Personificaba la oración, la primera de las horas de trabajo de la tarde.
 

ENIO
Era una antigua diosa conocida como la “destructora de ciudades” y representaba cubierta de sangre y armada para la guerra. Solía acompañar a Ares junto a Fobos y Deimos y alguna versión la presenta como amante del dios de la guerra.
 
ENIPEO
Era el dios del río del mismo nombre que discurría por Tesalia. Una leyenda cuenta como Tiro, hija de Salmoneo y Alcídice, se enamoró de él estando casada con Creteo, pero Enipeo no le correspondía. Poseidón, que la deseaba, tomó la personalidad de Enipeo para seducirla, haciéndola madre de esta manera de Pelías y Neleo. Junto a este río tuvo lugar la batalla de Farsalia entre Julio César y Pompeyo durante la segunda guerra civil de Roma.
 

EOLO
Era hijo de Hipotes y nieto de Mimas, uno de los hijos del primer Eolo. Vivía en la isla flotante de Eolia con sus seis hijos y seis hijas. Era conocido como el Señor de los Vientos ya que Zeus le había concedido el poder de gobernarlos y a los que mantenía encadenados en una profunda cueva. Los apresaba o liberaba a su antojo y cuando los soltaba podían provocar graves desastres. Eolo era responsable del control de las tempestades y los dioses, a veces, le pedían ayuda como cuando Hera quiso impedir que Eneas desembarcase en Italia. Odiseo, en su retorno hacia Ítaca, lo visitó y recibió como regalo un saco que contenía todos los vientos y que debía ser manipulado muy cuidadosamente para evitar que se produjeran cataclismos. Sin embargo, la tripulación de Odiseo, creyendo que el saco contenía oro, lo abrió, provocando graves tempestades y haciendo que la nave volviera a las costas de Eolia, donde Eolo se negó a prestarles ayuda por segunda vez.
Eolo era representado empuñando un cetro como símbolo de su autoridad, y rodeado de turbulentos remolinos. 
EOS
Era hija de Hiperión y Tía y se le adoraba como la diosa de la aurora, quien residía en un palacio situado al borde del Océano, río que rodeaba al mundo, cerca de una de las puertas del inframundo. Cada amanecer abandonaba su hogar para anunciar la llegada de su hermano Helios abriendo las puertas del inframundo con sus dedos sonrosados para que el dios del Sol pudiera conducir su carro por el cielo durante día. Siempre iba precedida por la estrella de la mañana, Venus, y era considerada como el origen de todas las estrellas y planetas. Sus lágrimas eran las creadoras del rocío matutino.
En las vasijas áticas estaba representada como una mujer excepcionalmente hermosa, coronada con una tiara y con largas alas de plumas blancas.
Eos tuvo muchos amantes divinos y humanos. Con Astreo tuvo a todos los vientos y estrellas. Se enamoró de Orión, pero no fue correspondida. Secuestró a Céfalo, Clito, Ganimedes y Titono para que fueran sus amantes. 
Titono
Fue el más fiel de sus amantes. Una leyenda cuenta que en un tiempo Ganímedes era el amante de Eos y cuando Zeus se lo robó para que fuera su copero, la diosa pidió al rey del Olimpo que concediera la inmortalidad a Titono, pero olvidó pedirle también para él la eterna juventud. Zeus accedió a la solicitud y Titono vivió para siempre haciéndose cada vez más anciano hasta que se convirtió en un grillo. Desde entonces cada amanecer, Eos llora por el destino de su amante transformándose sus lágrimas en el rocío que bebe el grillo que canta continuamente mori, mori, mori… expresando así su deseo de morir.
Según Hesíodo, Titono y Eos tuvieron dos hijos, Memnón y Ematión. Memnón luchó junto a los troyanos en la Guerra de Troya y murió. La imagen de Eos con Memnón muerto sobre sus rodillas, fue la fuente de inspiración de la Pietà de Miguel Ángel.

Céfalo
Eos raptó a Céfalo, un joven ateniense, cuando éste estaba cazando y lo llevó a Siria. Aunque Céfalo ya estaba casado con Procris, Eos tuvo tres hijos con él. Cuando Céfalo empezó a añorar a su esposa, Eos, contrariada, lo devolvió maldiciéndolo. La maldición se cumplió cuando, según Higinio, Céfalo mató a su esposa mientras cazaba al confundirla con un animal.
 

Consortes y descendencia
Astreo: Bóreas, Éfiro, Euro, Noto y las estrellas errantes (planetas)
Titono: Ematión y Memnón
Céfalo: Faetonte, Titono y Héspero
Zeus: Ersa  

EQUIDNA
Era una monstruosa ninfa marina hija de Gea y Tártaro, según unas versiones, o de Forcis y Ceto, según otras. Hesíodo la describía como un engendro femenino, que unida a Tifón, fue madre de los monstruos más conocidos de la mitología helena. Tenía el rostro de una bella mujer con unos temibles ojos oscuros y cuerpo de serpiente. Su consorte y ella atacaron el monte Olimpo, pero fueron derrotados por Zeus, quien les permitió vivir, así como a sus hijos, como desafío para los futuros héroes. Tras su derrota se instaló en una cueva situada en Cilicia donde devoraba a cuantos viajeros transitaban por las proximidades.
Con Tifón fue madre de: Cerbero, Ortro, Quimera, Esfinge, la Hidra de Lerna, Ladón, el dragón de las Hespérides, el León de Nemea, el Águila de Prometeo, el Dragón de la Cólquida y la Cerda de Cromio.
 
EÓSFORO
Era hijo de Astreo y Eos y estaba asociado al lucero matutino, el planeta Venus. 
Se le conocía también con el nombre de Fósforo, que significaba “portador de la luz” y, en la Vulgata Latina, se tradujo como Lucifer, nombre que se hizo popular a partir de la publicación de la Divina Comedia de Dante y que terminó por asimilarse al Diablo cristiano. En un principio era considerado como hermano de Héspero, personificación del lucero vespertino, ya que para los griegos eran dos astros diferentes. Más tarde aceptaron las opiniones de otras culturas de que eran el mismo astro y lo identificaron con la diosa Afrodita.
Se decía que Eósforo/Héspero fue padre de Ceix y de Dedalión. En algunas fuentes también se dice que fue padre de las Hespérides. 

ERASINO
Era el dios del río del mismo nombre.
 

ERATO
Era la musa de la poesía y, al igual que el resto de las musas de la época olímpica, hija de Zeus y Mnemósine. Se la representaba llevando una corona de mirto y rosas y con una pequeña lira o cítara en las manos. A veces aparecía llevando una flecha de oro, con dos tórtolas picoteando a sus pies y, en ocasiones, acompañada por Eros, dios del amor, provisto de un arco, un carcaj con flechas y una antorcha encendida.
 
EREBO
Era un dios primordial, personificación de la oscuridad y la sombra, que llenaba todos los rincones y agujeros del mundo. También se le llamaba Skotos. Se decía que sus densas nieblas de oscuridad rodeaban los bordes del mundo y llenaban los sombríos lugares subterráneos.
Había sido engendrado por el Caos y era hermano de Nix con quien procreó a Éter y Hemera.
Nix arrastraba las oscuras nieblas de Érebo por los cielos llevando la noche al mundo, mientras Hemera las esparcía trayendo el día. Nix bloqueaba la luz del Éter (el aire superior brillante y luminoso) y Hemera despejaba la oscuridad permitiendo que el Éter volviese a iluminar la tierra. (Adviértase que en las antiguas cosmogonías se consideraba que la fuente del día era el Éter o atmósfera brillante y no el sol.)
De acuerdo a algunas leyendas posteriores, Érebo era parte del Hades, el inframundo, e incluso a veces se usaba como sinónimo. Él era el lugar por donde los muertos tenían que pasar inmediatamente después de fallecer. Después Caronte los porteaba cruzando el río Aqueronte, y entraban al Tártaro, el verdadero inframundo. 
ERGIA
Era un demonio femenino hija de Éter y Gea, que personificaba la pereza y la indolencia y habitaba, junto a la quietud y el silencio, en la cueva donde dormitaba Hipnos, el sueño.
Aparecía representada con rostro somnoliento, rodeada de telarañas y junto a ruecas rotas, símbolo de su aversión por el trabajo. 
ERÍDANO
Era el dios del río del mismo nombre que era uno de los cinco que cruzaban el Hades. Se solía identificar con el Po o con el Ródano. Los egipcios la relacionaban con el Nilo y los babilonios el Éufrates. Estaba representado en el cielo por la constelación de Eridano.
 

ERÍNIAS
Según Hesíodo, las Erinias son hijas de la sangre derramada por el miembro de Urano sobre Gea cuando su hijo Crono lo castró, siendo por tanto divinidades ctónicas.
Su número suele ser indeterminado, aunque Virgilio, probablemente inspirándose en una fuente alejandrina, nombra tres:
Alecto, la implacable, que castigaba los delitos éticos.
Megera, la seductora, que se encargaba de castigar la infidelidad.
Tísifone, la vengadora del asesinato, que perseguía los delitos de sangre.
Las Erinias eran anteriores a los dioses olímpicos, y por ello no estaban sometidas a la autoridad de Zeus. Moraban en el Érebo, o en el Tártaro, según versiones, de donde sólo volvían a la Tierra para castigar a los criminales vivos. Mientras permanecían en el inframundo torturaban incesantemente a los condenados. Los dioses del Olimpo sentían una profunda repulsión hacia ellas, pese a su ascendencia divina y los mortales las rehuían por el temor que les provocaban.
Eran las encargadas de castigar a los autores de los crímenes mientras estaban vivos, pero si morían sin haber sido castigados, los perseguían hasta el inframundo. Eran justas, pero carecían de piedad por lo que ningún acto encaminado a eludir su castigo, las conmovía. Rechazaban las circunstancias atenuantes castigando todas las ofensas contra la sociedad y la naturaleza, como el perjurio, las faltas contra la hospitalidad y, sobre todo, los crímenes contra la familia. En épocas muy primitivas, se consideraba que los humanos no debían de castigar esos delitos, correspondiéndoles a ellas perseguir al criminal hostigándole hasta enloquecerlo. 
En la Ilíada, cuando una maldición ritual invoca a «vosotros, que en lo profundo castigáis a los muertos que fueron perjuros», «las Erinias son simplemente una encarnación del acto de auto maldición que conlleva el juramento». Son las encargadas de castigar los crímenes durante la vida de sus autores materiales, y no más tarde. No obstante, siendo su campo de acción ilimitado, si el autor del crimen muere lo perseguirán hasta el inframundo. Justas pero sin piedad, ningún rezo ni sacrificio puede conmoverlas ni impedir que lleven a cabo su tarea. 
Rechazan las circunstancias atenuantes y castigan todas las ofensas contra la sociedad y la naturaleza, como el perjurio, la violación de los ritos de hospitalidad y, sobre todo, los crímenes o asesinatos contra la familia. En épocas antiguas se creía que los seres humanos no podían ni debían castigar tan horribles crímenes, correspondiendo a las Erinias perseguir al desterrado asesino del fallecido en venganza, hostigándole hasta hacerle enloquecer (de ahí su nombre latino, derivado de «furor» como sinónimo de «locura»). La tortura solo cesaba si el criminal encontraba a alguien que le purificase de sus crímenes.
Se las representa como genios femeninos con serpientes enroscadas en sus cabezas entre el pelo, portando látigos y antorchas y con lágrimas de sangre brotando de sus ojos.
A veces se las comparaba con las Gorgonas, las Grayas y las Arpías a causa de su terrorífico aspecto y de su carencia de relaciones fluidas con las divinidades olímpicas.
Custodiaban el orden establecido en el cosmos y combatían todas aquellas acciones que pudieran promover el retorno del caos.
 

ERIS
Según Hesíodo, en su Teogonía, era la diosa de la discordia hija de Nix, la Noche, a la que presentaba como alguien que se mostraba cruel con los humanos incitándolos a la guerra y a los enfrentamientos y de haber engendrado una serie de siniestros personajes cuya misión era provocar sufrimientos. Le atribuía el haber dado vida a:

Ponos, la pena
Lete, el olvido
Limos, el hambre
Algs, el dolor
Hisminas, las disputas
Macas, las batallas
Fonos, las matanzas
Androctasias, las masacres
Neikea, los odios
Pseudologos, las mentiras
Anfilogías, las ambigüedades
Disnomia, el desorden
Ate, la ruina
Horcos, el juramento
 
ERIS
La Eris de Homero era hija de Zeus y de Hera y se sentía especialmente vinculada a su hermano Ares, el dios de la guerra.
La leyenda más conocida sobre ella se narra en la Ilíada. Peleo y Tetis, futuros padres de Aquiles, invitaron a su boda a todos los dioses y a muchos mortales. 
Únicamente Eris fue excluida del convite a causa de su carácter violento. La diosa, mortificada por su exclusión, se presentó en la fiesta con una manzana dorada que llevaba la inscripción “para la más bella” y la arrojó entre Hera, Atenea y Afrodita dando lugar a que las tres deidades la reclamaran para sí. Zeus, para evitarse un conflicto al tener que elegir a una de ellas, nombró árbitro a Paris, quien tenía que elegir a la más hermosa. Cada una de las diosas intentó sobornarlo para ser la elegida. Hera le ofreció poder, Atenea destreza con las armas y Afrodita le ofreció a la mujer más hermosa de la Tierra: Helena, esposa del rey Menelao de Esparta. Paris eligió a Afrodita, raptó a Helena y provocó, de esta manera, la Guerra de Troya.
Juicio de Paris
ERITIA
Era una de las hespérides, las ninfas que cuidaban un maravilloso jardín situado en el extremo occidental del mundo conocido, a quienes, generalmente, se les considera como hijas del titán Atlas y de Hesperis, pero también existen versiones que las presentan como hijas de Nix, la Noche que las engendró por partenogénesis, o de Zeus y Temis, incluso de Forcis y Ceto, cuando no de Océano.
Eritia se unió con Ares dando a luz a Euritión, el pastor que cuidaba los rebaños del monstruoso Gerión.
 

EROS
El pensamiento religioso griego contempla la figura de Eros de dos formas distintas. La más antigua lo identifica como una deidad primordial que encarna el impulso creativo de la Naturaleza. Este impulso es responsable de la creación y el orden de todas las cosas en el cosmos. Según Hesíodo, Eros surgió tras el Caos junto con Gea, la Tierra, y Tártaro, el Inframundo. Aristófanes, en su obra “Las aves”, lo hace brotar de un huevo puesto por Nix, la Noche, quien lo había concebido con Érebo, la Oscuridad. En los misterios eleusinos era adorado como protogeno, el primero en nacer.
 

EROS
La versión alternativa del Eros primigenio lo presenta con una genealogía imprecisa ya que aparece como hijo de Afrodita, pero su padre podría ser Ares, Hermes o Hefesto, aunque también se muestra como hijo de Poros (la abundancia) y Penia (la probreza) o, también, en alguna ocasión, como vástago de Iris y Céfalo.

Según la versión que lo presenta como hijo de Afrodita, Eros era un ayudante de su madre encargado de hacer llegar a los mortales la fuerza del amor. En algunas versiones se hablaba de dos hermanos llamados Anteros, el amor correspondido, e Hímero, el deseo sexual.

Eratóstenes distinguía entre los cometidos de Eros y Afrodita mostrando al primero como el protector del amor entre hombres, mientras que la segunda lo era del amor entre hombres y mujeres.
Eros aparece como protagonista en distintos mitos. Los más conocidos son:

Eros y Apolo
Apolo se burló de las habilidades de Eros como arquero y afirmando, además, que los cantos del dios del amor le molestaban. Entonces, Eros lanzó una flecha dorada del amor hiriendo a Apolo y una flecha con punta de plomo, provocadora del desdén, hacia Dafne. El dios persiguió a la ninfa tratando de hacerla suya, pero ésta pidió ayuda a su padre, quien la transformó en un laurel salvándola del acoso de Apolo. Desde ese momento, el árbol del laurel fue sagrado para Apolo. 
Eros y Psique
Cierta ciudad helena estaba gobernada por unos reyes que tenían tres hermosas hijas. La menor, llamada Psique, estaba dotada de tan deslumbrante belleza que muchos hombres acudían a contemplarla adorándola como si fuere la propia Afrodita, haciendo que la afluencia masculina hacia los templos de la diosa fuera disminuyendo paulatinamente hasta quedar los altares sin ofrendas.
Afrodita se sintió ofendida y pidió a su hijo, Eros, que hiciera lo necesario para que la muchacha se enamorara del hombre más feo de la Tierra y a quien la Fortuna hubiera maltratado más. Eros accedió a la petición materna, pero terminó enamorándose él mismo de Psique, al pincharse, por accidente, con una de sus flechas.
Psique se sentía desconsolada y odiaba su belleza porque permanecía en la más absoluta soledad ya que todos la admiraban, pero nadie se presentaba como pretendiente.
El padre, preocupado por la situación, consultó al oráculo de Apolo recibiendo como respuesta que su hija no estaba destinada a ser la esposa de un mortal, sino de alguien que vivía en un alta montaña y a quien el resto de los dioses temía. Además debía llevar a su hija vestida de novia al monte más alto.
El rey, desconsolado, volvió a su ciudad para cumplir el mandato del oráculo al que Psique había de someterse. Todo el pueblo acompañó a sus reyes y princesa hasta la roca situada en lo más alto de los montes donde quedó la joven a solas. Entonces Céfiro, viento del Oeste, comenzó a soplar hasta llevar a la joven hasta una pradera cubierta de flores donde quedó dormida.
Al despertar contempló un bello paisaje en el que destacaba una regia mansión en medio de un bosque con una fuente manando agua cristalina. Entró en el palacio quedando maravillada ante la riqueza sin par que se mostraba ante sus ojos sin que tuviera protección de ninguna clase.
Psique escuchó voces en su interior anunciándole que era la dueña de todas las riquezas que contemplaba y que debía disfrutar de ellas. Hizo caso a las voces y, tras un agradable festín, quedó dormida.
Estando en el lecho oyó llegar a su secreto marido que la hizo su esposa. Al amanecer el marido se alejaba presurosamente, mientras las voces la consolaban en su soledad. Y así fue pasando el tiempo.
Una noche, el marido le anunció la visita de sus hermanas ansiosas por saber si aún continuaba viva, y le rogó que no respondiera a sus llamadas porque sería peligroso para él. Tanto porfió ella que al final el marido secreto le permitió verlas y hablar con ellas, pero en modo alguno debía acceder a la petición de contemplar a su esposo porque entonces él desaparecería para siempre.
Las hermanas llegaron a la roca donde habían dejado a Psique y ésta pidió a Céfiro que las llevara ante su presencia para poder gozar del encuentro. El viento así lo hizo y la anfitriona mostró a sus hermanas la opulencia de su morada provocando la envidia de las visitantes, quienes mostraron su malsana curiosidad por conocer al marido de su hermana. Sin embargo, Psique solo las informó de que era un apuesto joven y, tras obsequiarlas con valiosísimos regalos, pidió a Céfiro que las llevara de regreso.
Tras retornar a su domicilio, las dos hermanas mayores, corroídas por la envidia, acordaron elaborar un plan para despojarla de sus riquezas y felicidad.
El misterioso marido le advertía cada noche de las intenciones de sus hermanas de que ella le viera el rostro, informándole de que si lo hacía, nunca más volvería contemplarlo y que además, si no conocía su rostro, el hijo que llevaba en su seno sería divino, pero en caso contrario sería mortal.
Tal como había anunciado el marido, las hermanas regresaron y, tras someterla a un exhaustivo interrogatorio, llegaron a la conclusión de que su hermana estaba desposada con una divinidad y el hijo que iba a nacer sería un dios.
Volvieron al día siguiente consiguiendo persuadir a su hermana, mediante engaños, para que viera el rostro de su amado entregándole un puñal para que cortara la cabeza de la serpiente maligna que, según ellas, era su marido.
Cuando llegó la noche y su amor quedó dormido, Psique se acercó a él con la lámpara encendida y el puñal en la mano contemplando al dios Eros. Se abalanzó sobre él con ansia, pero una gota de aceite caliente cayó sobre el hombro divino despertándolo y desembarazándose de los brazos de su esposa voló hacia el Olimpo.
Psique, profundamente deprimida y arrepentida de su acción, quiso suicidarse arrojándose a un río cercano, pero éste la depositó en la orilla sin daño alguno y, cuando despertó de su letargo, el dios Pan le aconsejó que pidiera perdón a Eros mostrándose dulcemente sumisa.
Psique, atormentada por los remordimientos, vagaba enloquecida como cuando se pierde el amor. En su deambular sin rumbo llegó a las ciudades de sus hermanas a quienes informó que si subían a la montaña y se arrojaban al vacío, su esposo la recogería y las llevaría al suntuoso palacio. Ellas así lo hicieron, pero Eros no las recogió y ambas perecieron al precipitarse desde la roca.
Al conocer Afrodita que su hijo Eros estaba enamorado de su enemiga Psique, estalló en cólera y profirió graves amenazas e insultos contra el dios del amor. Hera y Deméter, conocedoras de la situación, defendieron a Eros ante su madre, pero Afrodita ignoró las razones y continuó con su enfado.
Psique continuaba buscando desesperadamente a su esposo y pidió ayuda a Hera y Deméter, pero ambas rehusaron hacerlo aconsejándole que se enfrentara a Afrodita. Siguiendo este consejo se presentó en la morada de su suegra
Fue recibida por una de las criadas, quien, colmándola de insultos, la llevó a la presencia de Afrodita. Ella la entregó a otras dos criadas, Soledad y Tristeza, para que la martirizaran. De nuevo en presencia de la dueña de la mansión, ésta mezcló gran cantidad de granos diferentes y exigiéndole que los debía tener ordenados por clases antes del anochecer. Psique se encontraba desesperada ante la imposibilidad de realizar la tarea encomendada, cuando una hormiga se compadeció de la muchacha y convocando a sus compañeras pudieron terminar el trabajo para la hora convenida desapareciendo a continuación sin dejar rastro.
Afrodita, al ver que se había producido el milagro, supo que, de alguna forma, su hijo había intervenido.
A la mañana siguiente Afrodita encargó a Psique que le proporcionara un vellón de lana dorada de unas ovejas que pastaban en un bosque próximo. Psique se dirigió hacia el bosque con la intención de arrojarse al río que discurría por las proximidades. Sin embargo, una rana la disuadió de sus intenciones y la advirtió que no se acercara a las ovejas mientras les estuviera dando el Sol ya que, en esos momentos eran, muy fieras y podían matarla. Le recomendó que espera a mediodía y cuando las vejas estuvieran descansando, recogiera la lana que había queda enganchada en la vegetación.
Cumplida la segunda misión, la diosa le encargó que le llevara una vasija de cristal llena del agua del manantial que brotaba en lo más alto de la escarpada montaña que daba origen a la laguna Estigia.
Comenzó a escalar trabajosamente la montaña, pero su esfuerzo no pasó desapercibido y de pronto apareció el águila de Zeus que le arrebató la jarra, la llenó de agua y se la devolvió para llevársela a Afrodita.
Pero ésta no quedó satisfecha y le entregó una cajita con el encargo de que fuera al Hades y pidiera a Perséfone que depositara en el interior del cofre un poco de su belleza, para que Afrodita pudiera recuperar la que había perdido cuidando a su hijo de la herida provocada por el aceite hirviendo de la lámpara de Psique.
El camino para llegar al Hades era la muerte y pensando en cumplir su destino subió a una torre altísima desde la que iba a arrojarse buscando una muerte segura. No obstante, la torre la convenció para que no lo hiciera, indicándole minuciosamente el camino que debería seguir para encontrar a Perséfone y advirtiéndole que debía pagar un óbolo al barquero Caronte, tanto a la ida como a la vuelta, además que podía distraer al can Cerbero dándole a comer un pastel de cebada.
Psique superó todos los obstáculos y encontró a la diosa del Inframundo, quien accedió a su requerimiento con lo que volvió al mundo de los vivos, pero no pudo resistir la tentación de abrir la caja para tomar un poco de su contenido y así gustar más a su amado. Lo hizo y del recipiente salió una adormidera que le provocó un sueño estigio.
Entretanto, Eros, ya recuperado de su quemadura, llegó hasta su esposa y recogiendo la adormidera, la devolvió a la caja y despertó a Psique para que continuara su camino hacia Afrodita, mientras él se dirigió a hablar con Zeus para exponerle su caso.
Zeus, tras escuchar a Eros, ordenó a Hermes que convocara a todos los dioses en asamblea donde expuso su deseo de que se celebrara la ceremonia nupcial entre ambos amantes. Afrodita protestó, pero Zeus la apaciguó diciendo que convertiría a Psique en inmortal para lo que ordenó a Hermes que raptara a Psique y le ofreciera una copa de ambrosía.
A continuación se celebró un banquete de bodas y con el tiempo a Psique y Eros les nació un hijo al que llamaron Placer. 

ERSA
Era hija de Zeus y Eos o, según otras versiones, de Zeus y Selene. En este último caso se la identificaba como la diosa del rocío siendo confundía con Pandeia quien tenía las mismas atribuciones.
 

ESCAMANDRO
Era el dios del río que discurría junto a Troya. La leyenda que comenta el nombre del río narra como una hambruna diezmó los habitantes de Creta obligando al príncipe Escamandro a organizar una expedición para fundar una colonia. 
Llegados a Frigia, recibieron el consejo de Apolo de que se establecieran en el lugar donde los enemigos los atacaran por la noche. Esa misma noche los ratones silvestres invadieron el campamento royendo las partes blandas del armamento cretense. Se establecieron en el lugar y edificaron un templo dedicado a Apolo, alrededor del cual nació la ciudad de Esmintea. Escamandro se casó con la ninfa Idea, de la que nació Teucro, fundador de la dinastía troyana, y, con la ayuda de Apolo, vencieron a sus vecinos los bébrices, pero durante el combate Escamandro cayó al río Janto que tomó su nombre.
El río se indignó con Aquiles pues, según cuenta Homero en la Ilíada, el héroe llenó el lecho del río de cadáveres para vengar la muerte de Patroclo y trató de ahogarlo, pero fue salvado por Hefesto. 
Escamandro mueve sus aguas y los cadáveres que hay en ellas contra Aquiles. 

ESCILA
Según Ovidio, Escila fue inicialmente una hermosa ninfa hija de Forcis y Hécate. 
El dios marino Glauco se enamoró de ella, pero Escila, que no le correspondía, huyó hacia la tierra donde no podía alcanzarla. Glauco, desesperado, recurrió a la hechicera Circe para que le preparase un filtro que trocase el desapego de la ninfa en amor hacia él. Circe, que estaba secretamente enamorada de Glauco, intentó seducirlo, pero él la rechazó. Entonces la maga, enfurecida, entregó un frasco al dios con la recomendación de que vertiera su contenido en las aguas de la cala donde Escila solía bañarse. Así lo hizo Glauco y cuando la ninfa penetró en el agua se transformó en un monstruo con torso de mujer, cola de pez y seis cabezas cuyas bocas estaban dotadas de tres hileras de afilados dientes.
Habitaba en un estrecho marítimo, cuyas orillas se encontraban a una distancia semejante al alcance de una flecha. El lado opuesto estaba ocupado por Caribdis. Las embarcaciones que osaban atravesar el estrecho tenían que ponerse al alcance de uno de los dos monstruos. Escila, con el tiempo, fue transformada por los dioses en una roca que suponía graves peligros para los navegantes. Tradicionalmente se ha identificado el este estrecho con el de Mesina.
En la Odisea, Homero narra cómo Circe advierte a Odiseo de la conveniencia de navegare más cerca de Escila que de Caribdis, ya que, mientras Escila sólo podría devorar a seis tripulantes, Caribdis succionaría su barco entero. Odiseo logró navegar entre Escila y Caribdis, aunque perdió seis hombres de su tripulación. 
ESEPO
Era el dios del río del mismo nombre que discurría por la región de Tóade.
 

ESPERQUEO
Era el nombre del dios del río del mismo nombre del sur de Tesalia que desemboca en las proximidades del paso de las Termópilas. Su valle, entre los montes Otris y Eta contiene restos de numerosos lugares de ocupación protohistórica. Una leyenda dice que Peleo consagró la cabellera de su hijo Aquiles al río y que el héroe la cuidaba para ofrecérsela al río.


ESTENO
Era una de las tres hermanas gorgonas que se caracterizada por su poderosa fuerza y se la consideraba generalmente como hija de Forcis y Ceto, aunque alguna versión la hacía en descendiente de Tifón y Equidna.
Poseía un cuerpo muy voluminoso de mujer con serpientes vivas en su cabeza sustituyendo al pelo. Sus manos eran garras de bronce y estaba dotada de alas de oro así como de una cola de serpiente. Al igual que su hermana Euríale era inmortal.
Esteno era la más sanguinaria de las tres gorgonas y su labor consistía en proteger varios oráculos con encantadoras de serpientes que poseían una gran fuerza, pero que carecían de facultades adivinatorias.
Esteno no sólo tenía una gran fuerza física sino también mental con la que era capaz de hipnotizar a sus agresores. Además su sangre podía dar vida si procedía de su costado derecho o causar la muerte si lo hacía del izquierdo.
Su labor era proteger varios oráculos con pitias, encantadoras de serpientes, que representaban la fuerza y no la adivinación. En honor a Esteno y a Euríale se hacían sacrificios que consistían en llenar con sangre ritual los cimientos de esquinas, pilares y paredes de templos para otorgarles estabilidad y fuerza.
La sangre misma de Esteno posee las cualidades de dar la vida (si era obtenida del costado derecho) o la muerte (si era obtenida del costado izquierdo).
En términos religiosos Esteno, caracterizada por la serpentina letra “S”, representaba la fuerza infinita, el tiempo (a menudo era representada con dos caras, mirando al pasado y al futuro al mismo tiempo) y las puertas dimensionales al reino de la muerte. 

ESTIGIA
Hesíodo la considera la más importante de las oceánides y personificaba una fuente en Arcadia cuyo curso terminaba en el Hades. Para Higinio, Estigia era una diosa hija de Érebo y Nix. De su unión con Palas nacieron: Niké, Cratos, Bía y Zelo. Higinio piensa que también engendro a Escila. Siguiendo el consejo de su padre, ofreció su ayuda a Zeus en la Titanomaquía y, en agradecimiento, el dios la colmó de honores haciendo que su nombre fuera sagrado pronunciándose en su nombre los más solemnes juramentos. Cuando un dios juraba en su nombre, Iris llenaba una copa de oro con su agua. 
Quien abjurase bebía el contenido de la copa, perdiendo la voz y la respiración durante un Gran Año, es decir, nueve años, y era excluido otros nueve de las reuniones y banquetes de los dioses. Los hijos de Estigia se incorporaron al séquito de Zeus.
Estigia, el río del inframundo 

ESTILBO o ESTILBONTE
Era hijo de Astreo y Eos y se le identificaba con el planeta Mercurio.  

ESTRIMÓN
Era el dios del río del mismo nombre cuyo curso discurría por Tracia hasta desembocar en el mar Egeo, siendo el segundo en longitud. Casó con Neera y fue padre de Evadne.
 

ETER
En griego antiguo quemar, personificaba el cielo superior como morada de los dioses. Era el aire puro y brillante que respiran las deidades, en contraposición al oscuro aire de la Tierra que respiraban los mortales. Era hijo de Érebo y Nix y hermano de Hemera, con la que se unió engendrando, según Higinio, a Gea, Urano y Ponto. Según Aristófanes fue también el padre, por sí mismo, de las néfeles, ninfas de las nubes y de la lluvia. Éter era el alma del mundo y toda la vida emanaba de él.
Éter es el aire superior luminoso, también llamado Akmon (El cenit) o Akmê (el incansable). Era un Protogenos (uno de los dioses elementales primogénitos), es el dios luminoso, brillando azul en lo alto del cielo. Sobre él estaba el domo sólido de Urano (el cielo estrellado), Debajo de él se encontraba el transparente aire (Kaos-Aer). Por la tarde su madre Nyx cubría con su velo de oscuridad separando a Éter y a Aer trayendo la noche a los hombres.
En la mañana su hermana y esposa Hemera dispersaba este velo revelando el azul brillante del día. Éter era uno de los tres “aires”. El aire del medio era Aer o Khaos, una sustancia sin color que envolvía al mundo mortal. El más bajo estaba Erebos, el aire oscuro que envolvía al Tártaro (inframundo) y el reino de los muertos. Sobre ello el aire superior era Éter, la luz, lugar donde de los dioses de cielo construían su morada. Envolvía las crestas montañesas, sobre las nubes. Las estrellas, el sol y la luna, fueron formadas de los fuegos concentrados de Éter. 
ETERIA
Era una helíade hija de Helios y de la oceánide Clímene. Cuando su hermano Faetón, al intentar conducir el carro de su padre a través del cielo, no pudo dominar los caballos y se precipitó al vacío ahogándose en el río Erídamo, las Helíades lloraron desconsoladas durante mucho tiempo y los dioses, apiadándose de ellas, las transformaron en álamos que poblaron las orillas del río donde pereció su hermano. Sus lágrimas, convertidas en ámbar, cayeron al cauce.

ETNA
Era una ninfa hija del gigante Briareo y de Cimopolia, o bien de Urano y Gea, según versiones, que se convirtió en la diosa del volcán que lleva su nombre. 
Actuó como juez en la disputa entre Deméter y Hefestos por la posesión de la isla de Sicilia.
En el interior del volcán se situaba la fragua de Hefestos, quien tenía como ayudantes a cíclopes y gigantes, y en el subsuelo se encontraba enterrado el monstruo Tifón que provocaba frecuentes terremotos con sus movimientos.
Etna se unió con Hefestos y fueron padres de los pálicos a quienes se les consideraba como las divinidades de los géiseres y de las aguas termales sicilianos.
 

EUCLEA
Era hija de Hefesto y Aglaya y se le rendía culto como diosa de la honorabilidad, buena reputación y la gloria. Formaba parte del séquito de Afrodita representando la honorabilidad de una novia casta.
 

EUCMÓN O EVEMO
Era uno de los hijos de Poseidón y Clito que formaron la generación de los atlantes.

EUDORA
Era una oceánide hija de Océano y Tetis.
 

EUFEMA
Era hija de Hefesto y Aglaya y se le rendía culto como diosa de las buenas palabras de augurio, aclamación, elogio, aplauso y gritos de triunfo.
 

EUFRÓSINE
Era una de las tres Cárites que simbolizaba la alegría e hija de Zeus y la oceánide Eurinome. 
Algunos piensan que es la Cárite intermedia entre Talia y Aglaya. Como indica su etimología, simboliza la alegría. Eufrosine se caracteriza y destaca por ser la más alegre entre sus hermanas, y llevaba en su mano izquierda una especie de pulsera color dorado. Al igual que sus hermanas Eufrósine adornaba su pelo con algunas flores y en sostenía en una de sus manos una máscara alegre representando la felicidad, cuyo don ella repartía.